martes, 2 de marzo de 2021

GUSANITO 85

                                                  

                               
                                   
                          


                                                                                           

                    

 

 

 

Derechos de Autor 

Puerto Vallarta, Jalisco

México

 

 

 INDICE

CAPÍTULO 1

En el Temblor…………………………………….8

Caos en la ciudad………………………………..10

Velvet...……………….…………………………15

Rescate en el hospital………………………..…..18

CAPÍTULO 2

Las caras de la muerte..……………………….....20

Inteligencia subliminal..………….……………...23

CAPÍTULO 3

La bruja contra un ángel…………………….......26

La abuela………………………………….……..28

El juicio…………………..………………….….30

La fiesta de los zombis…..……….…………….32

CAPÍTULO 4

Krull, el alienígena………..……………….…...37

Niños cósmicos….……………………………..41

Mutantes de Titán………………………..…….43

CAPÍTULO 5

En el mundo maya…………………………………46

Un juego de pelota…………..………………..……50

Ofrenda de niños…………………………………...51

El manto estelar……………………………………54

CAPÍTULO 6

La serpiente del terror…………..…………………57

Osito sorprende a Faraón………………….………59

Remolino de fuego…………………………….......63

Un nuevo cielo……………………………....…….66

CAPÍTULO 7

Histler en Titán….…………………………….…..69

Al calor del sol………………….............................76

Cataclismo lunar………………………………......79

Retorno a Tikal………………………………........81

CAPÍTULO 8

Ram ante Osiris…………………………..…….....83

El río de la muerte…………………………..….....85

CAPÍTULO 9

Lucha titánica………………………………….....89

Entre escombros……………………………..…...91

Antivirus…………………….……………….…..93

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 1

EN EL TEMBLOR

Perry se dio cuenta que a lo lejos, el volcán traía un desorden entre fumarolas y rayos que vertían escandalosos truenos. Llovía una leve y extraña ceniza que oscureció la ciudad.

Había vuelto con miedo a Angelópolis ya que las autoridades lo buscaban afanosamente porque había escapado de la cárcel, por eso caminaba escondiendo su rostro con la capucha de su chamarra en la cabeza, moviéndose entre el vaivén cosmopolita.

-       Nunca había pasado eso, recapacitó después de mirar al cielo.

Tras el efímero pensamiento vio cómo los postes se balanceaban, se detuvo ante los edificios que crujían mientras las casas se desmoronaban, las calles se agrietaron, los vidrios de los aparadores se hicieron trizas junto con la algarabía de las señoras que traían niños de las escuelas.

Cesó el tránsito de los vehículos que colisionaron entre el caos que se apoderaba de la gente que corría en todas direcciones, se reflejaba en sus caras el susto y la angustia, sin saber qué hacer o dónde refugiarse sintiendo que el suelo se movía entre sus pies.

Después de un gran temblor seguido de pequeñas sacudidas, Perry decidió esconderse bajo el marco de un viejo edificio, pero el trozo de una marquesina lo alcanzó en la pierna derecha, hiriéndolo desde la rodilla hasta su pie, comenzó a desangrar y desesperado pidió ayuda, pero en la confusión nadie hacía caso. Intentó arrastrarse para ponerse a salvo.

En eso, un par de niños, lo jalaron por los brazos hasta ponerlo en medio de la calle fuera del peligro.

-       Estás pesado, le dijo un niño moreno de pelo chino y cachetes regordetes.

-       Ayúdame, insistió Perry.

-       Gusanito, ayúdale, este hombre se va a morir, mira su pierna, está muy mal, expuso el niño con mirada de inquietud y habilidosa imagen, que se movía constantemente como bailando, sus dedos se cruzaban y su cuerpo remarcaba una latente hiperactividad.

La niña, quien no se parecía a su hermano, pues ella era de tez blanca y ojos azules, delgada, de pelo castaño claro, lo miraba perspicazmente de los pies a la cabeza y clavando sus ojos en el hombre herido, le ordenó:

-       Mírame y haz lo que yo te diga. Te voy a salvar, solo obedece mis indicaciones, ¿está bien?, aclaró.

-       Sí, haré todo lo que me ordenes, suplicó lloriqueando.

La gente comenzó a aglomerarse alrededor de Perry.

-       Cierra tus ojos, respira lento y profundo, dijo la niña, pero Perry con el dolor en su pierna, inhalaba rápidamente.

-       No… no…no… Escúchame, si quieres vivir, respira profundo, llena tus pulmones de aire, no vayas a abrir tus ojos, ¿me comprendes?

-       Voy a tratar, aunque me duele mucho la pierna, reiteró Perry.

-       Vamos, date prisa, antes que esto sea muy tarde, apuró la niña, pero con voz pausada.

-       Osito, consigue algo para taparle, ordenó al niño.

Preguntó a la gente si podían prestarle una prenda. Le dieron un abrigo largo y cubrieron la pierna herida.

-       Muy bien, hagámoslo otra vez, dijo la niña.

-       Respira, otra vez, otra vez, llena tus pulmones de aire, insistía la niña, Perry obedecía con dificultad.

Ella se acercó a su oído y dijo con voz tenue: escúchame, voy a contar en números del diez al uno, mientras yo hago esto, tú enlazas tus dos manos y comenzarás a apretarlas…

Perry asintió con la cabeza. Entonces Gusanito dio las indicaciones, y mientras contaba, Osito ponía las manos  extendidas para separar a la gente que se arremolinaba por curiosidad.

-       ¿Escuchas los latidos de tu corazón?, preguntó Gusanito.

-       Sí, muy fuertes.

-       Muy bien, ahora, trata de ver en el centro de tu estómago, hay un remolino, dime ¿de qué color es?

-       Oooh, sí veo un remolino con líneas dando vueltas rápidamente, es de color rojo.

-       Mira con atención, ese remolino se convertirá en un gusanito, y se arrastrará a tu pierna dañada, y ese animalito de colores coserá con hilo tu herida…

-       Sí, lo estoy viendo, describió Perry.

Una vez que terminó, la niña dijo, ya te voy a despertar, contaré del uno al diez y soltarás tus manos, las sentirás entumecidas, pero no importa…

Llegaron varias ambulancias a atender a los heridos y la gente señaló a Perry como uno de ellos, pero en ese momento, comenzó a temblar otra vez.

La gente salió corriendo y el hombre malherido se levantó de una manera muy rápida y se fue persiguiendo a los niños.

-       ¡Niños…! ¡Niños…! ¿A dónde van?, preguntó Perry.

-       Estamos buscando a mi papá…

-       ¿Se perdió en el temblor?

-       ¡No…no! ¡En la tormenta! ¡En la tormenta!

Entonces Perry, contrariado por la respuesta cayó en cuenta que estaba corriendo, se detuvo, miró su pantalón rasgado y observó su herida, no había nada, solo sangre en su ropa…

CAOS EN LA CIUDAD

Los niños miraron el desastre que había causado el temblor y caminaron en medio del caos entre gente herida y edificios derrumbándose. Osito iba rápido tras ella e insistía en ayudar, pero Gusanito lo apuraba porque debían encontrar a su papá en algún lugar.

Se internaron en la ciudad, pero no hicieron caso a ningún auxilio, hasta que se detuvieron frente al Hospital y se atrevieron a entrar para preguntar por Luis Martín, de quien nadie les daba informes, solo veían el ir y venir de paramédicos, doctores y ambulancias con heridos.

Miraron a dos enfermeras mojadas que atendían a un paciente, bajo una pertinaz agua que caía del techo destrozado. De repente, en una de las salas comenzó a salir humo, una de las enfermeras de nombre Stephany entró a sacar sus pertenencias, pero quedó atrapada, el fuego arreció por dentro. Gusanito le ordenó a Osito que fuera por un bote y lo medio llenara de agua.

-       Espera aquí, está atento, le dijo al niño.

Gusanito tomó una frazada y la empapó de agua, se la puso como capa y entró a la sala ardiendo, donde encontró a Stephany arrinconada en el piso tratando de escapar del fuego y humo, y le gritó:

-       ¡Ponte esto!, vamos a salir corriendo, no importa si te quemas, la cobija te cubrirá del fuego, ¡hazlo rápido, no pienses…!

La joven enfermera se la puso rápido y salió agachada, aun así el fuego le alcanzó a quemar los pies, de inmediato le quitaron sus zapatos blancos.

-       ¡Ay mis pies! ¡Ay mis pies! ¡Me duelen, me duelen!, se quejaba la joven enfermera.

Sus pies quemados se veían rojos y le ardían.

Con el desastre en el hospital, Gusanito la calmó y le dijo, mete tus pies a esta vasija, el agua está helada, mírame a los ojos, el agua está helada, ¿me escuchaste?.

-       ¡Sí…sí!

La enfermera creyó y metió los pies al agua, sintió un alivio, pero no estaba helada, se quitó la cobija y escuchó a Gusanito.

-       Ahora hay que trabajar, vas a caminar descalza, pero lo que importa es que saquemos a los pacientes de este lugar, nosotros ayudaremos.

La enfermera no convencida, se puso varios protectores delgados de zapatos, apoyada por su compañera para soportar los escombros y acordó con otras enfermeras y doctores para escapar por las escaleras.

Osito y Gusanito parecían dirigir la misión junto con la enfermera, hasta que lograron acercar a las escalinatas a diez personas adultas, que eran los más cercanos a las puertas de salida.

Otra réplica hizo que el hospital colapsara, bloqueando entradas y salidas, quedaron adentro solo los tres con diferentes enfermos, el único escape estaba hacia el techo, por lo que idearon la única forma de salvarlos.

-       ¡Esto es imposible!, ¡no podemos salir!, rezongó Stephany.

-       Sí se puede, aseguró Gusanito.

-       Ellos están muy enfermos, imposible sacarlos, ¡moriremos aquí adentro!, dijo asustada la enfermera.

-       Ten fe, persistió Osito.

-       ¿Cómo lo haremos? Estamos solos. Los bomberos no pueden cruzar hasta aquí, la ciudad está arruinada, imploraba la enfermera.

-       No, espera. Acompáñame con los enfermos y dime qué enfermedad tienen, sugirió Gusanito.

-       ¡Tú no eres doctora!, además eres una niña… ¿Cómo los ayudarás?

-       Tranquila, ten paciencia, comentó Gusanito.

-       Salgamos rápido de aquí, estoy ansiosa, nerviosa, desesperada.

-       ¡Cálmate! Necesitamos tu ayuda. Hagámoslo rápido, ven…

Y la enfermera los acompañó a regañadientes.

-       ¿Quién es el él?, preguntó Gusanito.

-       Él es Regente de Ciudad Celeste, tiene año y medio en coma. No podemos levantarlo, es imposible…

-       Señora, ¿quién es usted?, indagó Gusanito a su acompañante.

-       Soy su esposa.

-       Muy bien, necesito que salga un momento, mientras intentamos levantar a su esposo del coma.

-       Ya déjenlo morir. No tiene manera de salvarse, yo me quedaré hasta su último aliento.

-       Señora, ¿cómo se llama usted?

-       Rachel.

-       Muy bien, espere afuera, y avísenos si ve algún médico, no vaya muy lejos.

-       Pero tú eres muy niña para que hagas estas cosas.

-       Usted confíe, respondió la niña.

Gusanito se acercó al oído de Williams y le dijo con voz apenas perceptible:

-       Williams, estoy aquí para ayudarte. Escúchame con atención. Estás encerrado, no te dejan salir. Te ayudaré a encontrar la salida. Busca una puerta de color blanco brillante, mueve tu dedo si me escuchas…

Apenas agitó el dedo meñique.

-       Abre esa puerta con tu mano izquierda y entra ahí. Tira la llave a la alcantarilla, encontrarás un pasillo con puertas a los dos lados. Abre cada una de las puertas, pero no lo hagas rápido, hazlo despacio. Tienes que encontrar una puerta negra, ábrela despacio, en cada puerta abierta encontrarás pasajes de tu vida, desde tu niñez y conforme fuiste creciendo.

Es muy importante que abras la puerta donde fuiste muy feliz. Caminarás y verás cada detalle y en el momento más emocionante, justo ahí darás un gran suspiro. Lo harás dos veces más y entonces sentirás que tu corazón late con fuerza. Regresarás a cerrar la puerta y te asegurarás que nadie más abra. Ahora escucha mi voz y camina hasta acá, no corras, hazlo lentamente aunque tu corazón te diga lo contrario.

Comenzó a mover los dedos de su mano izquierda, en señal de ansiedad.

-       Mira ya está recuperando su corazón, dijo Gusanito.

Stephany y Osito miraban con curiosidad.

-       Caminarás en un sendero azul, pero no podrás abrir los ojos hasta que escuches el número uno de un conteo invertido, lo harás lentamente, porque tienes muchos días dormido, será difícil acostumbrarte a la luz, dijo Gusanito.

Después del conteo abrió  los ojos lentamente y se tapó con el brazo.

-       ¿Dónde está mi hijo?, ¿dónde está Williams?, ¿dónde está mi esposa?, preguntó.

-       ¿Qué?, ¿cómo?, ¿él está hablando?, cuestionó fuertemente Stephany.

-       ¡Cálmate…! comentó Osito.

-       ¿Dónde está Junior?, ¿dónde está mi esposa?, preguntaba con frecuencia.

-       Hola, soy Gusanito. Estamos en problemas, ha temblado y se ha derrumbado el hospital, tenemos que sacarte de aquí inmediatamente, después harás preguntas.

En eso Rachel entró y se sorprendió al ver a Williams hablando, miró incrédula y cayó desmayada.

-       ¡Oooh no!, ¡No terminaremos nunca!, se quejó Osito.

Sin mucho pensarlo, Osito la jaló de los brazos y la acomodó en un rincón, para que no estorbara.

-       ¿Quiénes son ustedes?, preguntó desconcertada Stephany, ¿cómo es que levantas el cuerpo de una mujer sin esfuerzos? y tú… ¿cómo es que levantas a un enfermo de un colapso así?, ¿quiénes son?, ¿de dónde vienen?, ¿son magos, brujos, hechiceros, o algo así?, además ya no siento nada en mis pies, estoy segura que se quemaron…

-       Ayúdanos, luego responderemos, hay que levantarlos a todos, de prisa. Lleva a Williams al techo y regresas.

Entonces acercándose a Rachel le murmuró al oído: respira profundo, te necesitamos, tu esposo ya está entre nosotros, no te asustes, él sigue vivo, siempre estuvo vivo…

VELVET

Habiendo sacado a Williams y su esposa hacia el techo del hospital, regresaron por la siguiente paciente, una adolescente que había solicitado un legrado con un avance de cinco meses. Dos doctores y tres enfermeras habían quedado atrapados e inconscientes entre los escombros.

Osito tenía el don de la fuerza, por lo que movió los escombros con facilidad y arrastró los cuerpos hacia la puerta de salida, pero al regresar se dio cuenta que el elevador ya estaba funcionando, entonces propuso a Stephany que los subieran por ahí.

Gusanito conversó con Velvet, quien no quería a su niña, porque su novio se había arrepentido y la había dejado a su suerte, por lo que se arrepintió de tener a su bebé.

Decidieron subir a todos por el elevador, solo Velvet iba en camilla y le habían quitado el suero. Así que todos se arremolinaron en el elevador, pero al ascender comenzó a fallar, se apagaron las luces y quedaron atrapados.

Velvet, se quejaba y a gritaba llorando, ¡no la quiero!, ¡no la quiero!, ¡abórtala!

Los doctores volvieron en sí, pero mareados, no se podían levantar, por lo que aleccionaron a Stephany para que sacaran al bebé de su madre. Desesperados por los gritos de Velvet, apuraron a la enfermera, pero ella les dijo que no iba hacerlo sin luz.

-       Yo lo haré, sugirió Gusanito.

Entonces ellos le confiaron la situación médica, sin saber que era una niña.

Gusanito se acercó a Velvet y le susurró al oído, cierra tus ojos, aunque estamos a oscuras, te daré instrucciones para que todo salga bien y nada te duela.

Asintió Velvet.

-       Respira fuerte, inhala y exhala por la boca lentamente, entrarás en un sueño profundo, aprieta los puños de tus manos conforme hago un conteo regresivo del diez al uno, después recordarás momentos felices de tu vida.

Velvet empieza a relatar con ojos cerrados que mira a una niña de dos años balanceándose sobre unos columpios, ahí está su madre, dando empujones entre las risas y la alegría que le causa el momento.

Luego mira a la misma niña en su primer año, sumergida en la algarabía de una fiesta infantil entre pastel, globos y niños que la acompañan. Ella disfruta la fiesta y ríe alocadamente.

Su visión se transporta a la mirada de una playa, con el sol escondiéndose entre las aguas del mar, su papá la alienta a que camine, llevándola de la mano, cayendo a la arena y levantándose alegremente, parecía de diez meses.

Enseguida se miró delante de una niña como de un año, sentada en el piso, mirándola a los ojos, llamándola tiernamente, mami…mami.

Con su corazón latiendo rápidamente, sin comprender qué pasaba, la pequeña le abrió los brazos e insistió.

-       ¿Qué quieres de mí?, preguntó la azorada madre.

-       Mami, mami, insistió la pequeña, con los brazos extendidos y la ternura reflejada en sus ojos.

Velvet sintió que su corazón latía con más fuerza y la vocecita de la niña, le incomodaba en su ruego.

-       Mami, mami, ¡sálvame!, ¡sálvame…!

Velvet miró a su madre expresándole, hija, te amo, te hemos dado todo, siempre has sido muy feliz, mira todos tus años…

La adolescente de 16 años, viéndose pequeña, presenció el cuerpo de su pequeña hija inquieta moviéndose, con su cordón umbilical enredado en el cuello.

-       Mami, mami… ¡sálvame…!

-       ¡Quiero salvarla!, arremetió Velvet.              

Entonces Gusanito le expone, mira a tu derecha y verás un gusano blanco de rayas negras. Suéltalo y desenredará el cordón, cuando veas que se extiende, ven a mí, ven a mí, sigue mi voz… ¡corre!

En eso Velvet despierta mareada y le grita a Gusanito, ¡sálvala, sálvala! ¡Oh no! Siento que todo me da vueltas.

-       ¡Ya viene!, ¡ya viene!, ¡puja fuerte!, ordena la enfermera, quien recibe la cabeza de la pequeña, la bebé al salir del vientre empieza a llorar con un largo suspiro, como ahogándose, cortándole su cordón umbilical.

-       ¡Ahhh!, ¡Ahhh! La salvaste, la salvaste, mi amor, perdóname, perdóname, suplicaba a su bebé apretándola en sus brazos.

Entonces las luces del elevador encendieron con normalidad,  abriéndose las puertas, por lo que se apresuraron a sacarlos. Llegaron al techo y un helicóptero ya tenía a Williams y a Rachel, sin embargo Gusanito y Osito decidieron quedarse a salvar a los demás con  Stephany.

RESCATE EN EL HOSPITAL

Al bajar al siguiente piso, se encontraron con un paciente que caminaba medio sedado gritando, ¡me quiero morir, me quiero morir…!

-       Hola, ¿cómo te llamas?, curioseó Gusanito.

-       ¡Me quiero morir!, ¡me quiero morir...!

En medio de los escombros caminaba sin sentido.

-       Todavía está sedado, afirmó la enfermera.

-       ¡Vámonos!, ¡sácalo!, le dijo a Osito.

-       Ven amigo, te sacaremos de aquí.

-       ¡Me quiero morir! ¡Me quiero morir!, insistía.

Osito lo tomó de la mano y lo encaminó dejándolo solo, mientras las mujeres se fueron en busca de otros pacientes, encontrando a tres en una sala y apresuraron su salida. Brincaron escombros hasta la ruta de escape y entre las dos tomaron a cada uno para subirlo al techo, mientras que Osito los arrastraba y los dejaba ahí.

Al percatarse que no había nadie en las salas del hospital, las escaleras comenzaron a ceder, y cayeron estrepitosamente al siguiente piso, mientras tanto en el techo, uno de los helicópteros rescataba a los pacientes uno por uno en camillas. Al llenarse la cabina decidieron irse, pero Rachel les avisó que aún quedaban los niños salvando a pacientes.

Un helicóptero informativo daba cuenta de un par de niños y la enfermera que habían quedado atrapados entre polvo y escombros.

Habiendo pasado un tiempo Osito se recuperó del golpe en la cabeza y comenzó a buscar afanosamente a su hermana. Al encontrar a Gusanito, la movió para despertarla del desmayo, mientras tanto la enfermera escarbaba afanosamente con sus manos entre los ruinas para buscar una salida.

Sin manera de salir al techo, implementaron un trayecto de escape mediante sábanas para atorarlas en el marco de una ventana y bajar a un piso sano. Osito más chiquito y veloz, logró jalar con fuerza hasta desprender la ventana, pero en eso del cielo lanzaron una cuerda, el helicóptero llegó y sacaron primero a Stephany, luego a Gusanito y finalmente al niño.

Los medios previamente habían informado detalladamente de los acontecimientos de un paciente que se había arrojado al vacío desde el décimo piso.

Al bajar del aparato, llegaron hasta donde estaban los demás pacientes, Rachel les recordó que fueron los niños quienes los ayudaron a salvarse. Williams, aun recuperándose los invitó para que los acompañaran a Ciudad Celeste, de donde ellos procedían.

-       Vengan con nosotros, prepararemos un banquete en agradecimiento, externó con voz apesadumbrada después del largo letargo.

Velvet y su pequeña bebé iban con cuidados intensivos  en la camioneta de traslado. Y aceptaron la invitación.

CAPÍTULO 2

LAS CARAS DE LA MUERTE

Llegaron a Ciudad Celeste, un pueblo sin altos edificios, sus habitantes salieron a las calles para recibir asombrados la entrada de Williams y sus acompañantes, denostaban uniformidad, limpieza y orden, vestían de azules claros. Las miradas de admiración, incredulidad y algunos de repudio se hacían sentir en la pasarela callejera.

Junior, el hijo mayor de Williams los encontró en el camino y abrazó efusivamente a sus padres.

-       Pensé que te habías ido para siempre, dijo llorando.

-       Yo también lo pensé. Mira, esta niña me salvó, me sacó del hoyo en que me encontraba, apuntó Williams a Gusanito, mientras que Velvet y Osito se replegaban expectantes.

-       Muy bien papá, pero tú sabes que ningún extraño debe entrar a nuestra comunidad…está prohibido.

-       Solo cuando le salvan la vida a tu papá. Esta niña, no solo me trajo de la oscuridad, sino que nos salvó del temblor, nos rescató del hospital, todo se caía en pedazos y ellos nos llevaron al techo. Así que vamos cambiando las reglas cuando se trata de la vida de tus padres, ellos vienen conmigo y se quedarán en mi casa.

-       Papá, es que ya no tienes casa. Cuando supimos que estabas bajo lecho de muerte, todo cambió, Harry llegó a ocupar tu palacio y nos sacó de allí, sabiendo que ya no eras el líder, él se proclamó en la silla, así que ahora vivimos en una pequeña casa.

-       Vamos, ahora no es el momento de discutir esos asuntos, ya luego veremos…

Los niños y Velvet planearon irse después del banquete, pero les informaron que bajo las órdenes de Harry, nadie salía ni entraba de Ciudad Celeste, por lo que se quedarían ahí un tiempo, resguardados pero seguros.

Entonces Stephany a la hora de la cena les platicó del verdadero milagro de Williams.

-       Pasó por muchas pruebas, no puedo creer que esté hablando con usted, es increíble que yo lo vea en estas condiciones expuso la enfermera, mirándolo extrañada.

-       Señor Williams, déjeme decirle que inicialmente cuando usted llegó se retorcía de dolor, convulsionaba violentamente, cayó en un profundo coma, le pusieron un respirador que lo mantuvo estable, pero traía una cepa bacteriana que lo estaba destruyendo, después de eso, avanzó lentamente a una muerte cerebral.

El día del temblor quedó sin respiración y con baja presión arterial, apenas perceptible, checaron sus pupilas y ya  no dilataban.  Cuando hizo un par de jadeos y pareció tener su último aliento de vida, entonces fue declarado muerto por el Doctor Smith.

Williams se recargó en su asiento miró a los lados y recordó su experiencia:

-       Salí del cuerpo, como una desconexión de esta vida, flotaba bajo el techo, había una luz cálida y brillante, de repente me encontraba como en una región celestial, con  hermosas imágenes, parecía que volaba pero no veía mi cuerpo, solo grandes montañas de pastos verdes y deslizantes cascadas. Los colores eran agradables, traía un traje azul pálido, caminaba sobre un campo, con gente y caballos que pastaban. Me sentí en otra dimensión.

-       Rogué a Dios que te salvara. Tu circulación no se activaba. Hoy, me parece que no eres la persona que conocí, tienes una mayor vitalidad, no hay estragos de lo que vimos en esa cama del hospital, refirió su esposa.

-       En ese campo, alguien mencionaba mi nombre, había gente que me hablaba, pero yo no conocía. Después los reconocí, eran mis padres y mis abuelos, pero eran jóvenes, ya habían fallecido desde hace años.

Entonces me di cuenta que estaba en el cielo, ellos estaban radiantes, felices, y yo me quería quedar allí. No era una alucinación, sino una experiencia cercana a la muerte, quería quedarme para siempre con esa paz, con el cuerpo como una pluma de ave al aire, sin cargas ni preocupaciones, con una felicidad intensa, muy intensa, con gran gozo en mi corazón y una enorme alegría.

-       Pues usted recuperó la circulación arterial, el monitor de la encefalografía apenas registraba y aunque usted estaba muerto, se mantuvo en estado de alerta interactuando entre la presión sanguínea y el ser que se manifestaba fuera del cuerpo. No se necesita del discernimiento para apoyar la conciencia porque la cepa ataca la parte superior del cerebro, es la que maneja el lenguaje y los pensamientos, explicó la enfermera.

-       Ahora yo también recuerdo, detalló Velvet.

-       Sentí algo, pero no fue así. Yo me desperté en medio de fuego y lodo, caminaba con mucho fango alrededor mío, parecía que pisaba cabezas que suplicaban por un poco de agua. Llegaron hacia mí recuerdos de mi vida, desde que nací, cuando era niña, luego más joven, escuché un ruido fuerte debajo de mí, como una máquina que trataba de funcionar.

Vi imágenes horrendas de hombres y mujeres, no tenían nada que ver con las creencias de este mundo. Fue algo muy terrorífico. Tenía una fuerte sensación de pesadez en medio del pecho, percibía una imagen oscura alrededor, una gran energía negativa que merodeaba mi cuerpo. Presenciaba algo espumoso con burbujas que salía del suelo con un olor espantoso, azufrado. Ni siquiera podía respirar.

Escuché una dulce y tenue melodía que salía de la oscuridad, con voces agudas apenas perceptibles, luego me sentí abrazada por una sensación de amor y de consuelo, como una presencia divina, luego vi delante de mí un hermoso valle. Escuchaba una voz, tu momento aún no se ha cumplido, regresa.

Desperté con un amargo sabor de boca, como de hierbas verdes y con un fuerte dolor en mi pecho, como presintiendo algo malo, muy malo. No lo pensé más, ya no quería abortar a mi hija, mi hermosa hija. Estaba asustada…

Luego vi a Gusanito salvando a mi pequeña. Empecé a llorar dolorosamente durante mi recuperación, no podía creer que iba a matar a mi pequeña, en ese momento quería a mi hija, que se salvara, que naciera. Pero no tuve un sueño, fue algo muy raro, fue una experiencia real.

-       Quizás fue porque quisiste deshacerte de tu hija. Ahora, mírala, aunque debemos tener cuidados intensivos debido a lo prematuro de su nacimiento, advirtió Stephany.

-       Usted estuvo en un estado alterado de conciencia, vi el suspiro de la muerte, con esto la ciencia se ha visto desafiada, ha retado a la vida, confirmo que hay vida después de la muerte, y Gusanito tiene ese extraño don de sanación.

¡Bienvenidos a la vida!, aclamó Stephany.

Y los presentes reflexionaron acerca de esa espeluznante revelación, sobre todo por la presencia del infierno y eso los inquietó.

INTELIGENCIA SUBLIMINAL

A la siguiente semana, Williams visitó a Harry, quien estaba muy custodiado por sus agentes de seguridad.

-       Vengo a reclamar lo que es mío, le dijo de espaldas a Harry.

-       Williams, ¿regresaste de la muerte?, ya te hacíamos en el más allá, después de un año, ya no creímos que te podrías recuperar.

-       Pues ya lo ves. Las cosas cambian. No des por muerto, a alguien que no está muerto. Harry, déjate de cosas, vengo a reclamar mi propiedad.

-       No, mi querido Williams, este lugar es mío, por derecho me pertenece, ya que soy el dueño y señor de Ciudad Celeste y Angelópolis. Y si no lo entiendes, pues que mis armas te lo hagan saber, así ya no habrá dudas.

-       Harry, me voy pero de algún modo lo pagarás, lo juro, de verdad te lo juro.

-       Sí, sí, déjate de amenazas, ya lo veremos.

Williams salió con Junior del lugar, miró su casa, un verdadero palacio móvil sostenido por maderas finas, con barracas militares y habitaciones de huéspedes, con contenedores de granos, cabían mil personas para una ciudad de 200 mil habitantes, siempre moviéndose a las orillas del río, donde las casas eran separadas, pero además había otras grandes residencias.

Williams suspiró dejando un pensamiento certero: la recuperaré…

En ese momento llegó un mensajero que le advertía a Harry.

-       Patrón, vaciaron todas tus cuentas bancarias, un hacker hizo todo el movimiento en los diferentes países donde resguardas tu dinero, nos avisó Tándem, el gerente que tienes en Colombia.

-       Vayan a buscarlo, localícenlo, pero no lo maten, tráiganlo, que quiero hablar con él, me puede servir de mucho.

-       Sí patrón, aseveraron sus pistoleros.

A los tres días, trajeron a Drago, un hacker internacional que se dedicaba a robar millones de dólares a grandes empresas, bancos y gobiernos.

-       ¿Así que tú eres quien se llevó mis millones de dólares?, inquirió Harry.

Drago no se amedrentó y contestó fríamente.

-       No lo sé, tampoco me interesa, yo puedo hacer lo que quiera.

-       Ya no, mi estimado Drago, ¿sabes por qué ordené que te secuestraran? Porque quiero que trabajes para mí.

-       No, no estoy interesado.

-       Es que no es una opción. Te quedarás y trabajarás para mí, a cambio de tu vida. No es una opción, ¿entendiste?, no es una opción, recalcó el narcotraficante.

-       Llévenlo al parque tecnológico y, primero, que me regrese mi dinero y después vas a hacer un seguimiento del Comandante Peter, de Williams y de Junior. Cada movimiento me lo harás saber, ordenó Harry.

Harry era alto como de 1.90 metros, de bigote puntiagudo, tez blanca, ojos verdes portaba sombrero norteño, pantalón de mezclilla, camisas rancheras, botas y una pistola fajada a la cintura, lo apodaban el Patrón.

Sus negocios eran la cocaína y metanfetaminas, pero lo que más fortuna le dejaba era el fentanilo. La mariguana dejó de ser negocio pues se legalizó.

Usaba rieles subterráneos para transportar mercancía o submarinos para trasiego a otros países.

Drago, fue obligado a trabajar para Harry, así como muchos de sus pistoleros, los cuales habían sido engañados y capturados, después de ofrecerles trabajos como agentes de seguridad, una farsa que entre ellos no sabían.

Aquellos que se resistían, los mataban y los tiraban en los barrancos, los quemaban o los vertían en tambos con ácidos y enterrados con cemento, sin huellas, sin manchas y sin rastros. Nada ni nadie les importaba pues donaban a las agencias policiacas frondosos capitales para que les dejaran trabajar al margen de las leyes.

El lavado de dinero resultó exitoso, a tal grado que fue dejando paulatinamente la venta de la cocaína y de los condominios, hasta quedarse solamente con el fentanilo y las aplicaciones virtuales, sobre todo los juegos de niños.

Drago trabajaba apasionadamente con la seguridad que le brindaba la tutela de Harry y comenzó a hacer pequeños robots de servicio, que se fueron vendiendo con mucho esplendor en diferentes países, así hasta lograr memorias insuperables para la tecnología japonesa.

El hacker consiguió un gran equipo de trabajo para estudiar y avanzar en sus nuevos propósitos, así hasta fundar una ciudad digital en medio de un bosque.

Aleccionaron estudiantes en diferentes continentes, mismos que prepararon a los primeros humanoides, con todas las características de una persona con diálogos perfectos e impulsos del sistema nervioso, adentrando la tecnología a los hogares de una manera sublime.

Drago inventó una especie de piel que cubría todo el cuerpo, impregnado de nanotecnología, que permitía todas las funciones de humanos, y se los imponían a los muertos, a los que les quedaban poca memoria de su pasado y militarizaban.

Diseñó cada órgano humano con plásticos resistentes para erigir cuerpos con chips en los cerebros, usando sangre pura, misma que robaban en hospitales y la extraían de reos que no se querían reclutar en los guerrillas de Harry.

Logró implementar nano-hélices en la espalda de los androides para que pudieran volar con sus uniformes, en un tipo de mochila que se echaban a la espalda además de zapatos especiales que levitaban los cielos.

Conformó unas cápsulas de vuelo en el que cabían dos personas, los autos dejaron de ser el medio de trasporte tradicional.

Aunque se vendían los humanoides estaban siempre a la merced de Harry, quien tenía el control maestro, podían salirse de sus hogares y cometer robos, homicidios o información. El ahorro de tiempo, dinero y capital humano, fueron su principal argumento de ventas

Drago trabajó sobre el traje de invisibilidad, el cual no fue difícil elevarlo a la perfección pues los Androides le habían facilitado la misión, utilizando moléculas de camuflaje.

Y así Drago tomó poder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 3

LA BRUJA CONTRA UN ÁNGEL

La bruja Daisy, era una mujer guapa, rubia de ojos verdes, fina y de elegante estampa. Seguía mucho a Harry, porque lo quería para ella, su vestimenta aunque apegada a los cánones de la comunidad, siempre trataba de llamar la atención.

Los brebajes, pócimas y palabras esotéricas del ocultismo alardeaban siempre en sus noches de luna llena para tratar los asuntos, que para ella y sus clientes resultaban molestos.

Aconsejaba que desaparecieran a Gusanito y a su hermano, porque se sentía amenazada ante sus poderes ya que podían destruir cualquier plan de ella y las empresas de Harry, por eso los difamaba.

Insistía que los ultimaran, porque las personas de la comunidad seguían fervientemente a Gusanito debido a su don de sanación, ya que no quería competencia en hechicería, pues ella obtenía ganancias, los niños no. Y le hastiaba el oído a Harry.

Así que un día mediante engaños, prefirió hacerlo ella misma. Citó a Gusanito a la media noche a su casa para sanar a su abuela, enferma de un cáncer muy severo.

Cuando llegaron, una señora se encontraba acostada durmiendo y Daisy le invitó un té caliente, el cual Gusanito aceptó. Miró un altar con una estatua de la santa muerte, con velas encendidas, fotos, cartas de tarots y aceites en pequeñas vasijas.

El té era un brebaje dulce que la dormiría y después le haría un trabajo mediante magia negra que Daisy usaba para matar a personas con hechizos de vudú sin dejar huella.

Osito no acompañó a Gusanito esa noche, pues ya estaba dormido.

Después de acabarse la deliciosa bebida, Gusanito comenzó a sentir mareos hasta casi desmayarse.

Daisy le quitó su abrigo, la arrojó con una foto de la niña en una chimenea y le puso tierra de panteón, además de un líquido para que se incendiara con unas hierbas, del que salió mucho humo blanco con un horrible olor a carne quemada.

La bruja disfrutaba con su mirada atroz en su afán de deshacerse de ella esa misma noche.

Gusanito sintió mucho sueño y cayó acostada en el piso. Comenzó a ver sombras alrededor suyo que emitían voces terroríficas tratando de atacar con uñas y dientes para lacerar su cuerpo.

Ella percibía despavorida los cuerpos sangrientos que vociferaban maldiciones, manteniéndose medio despierta y exhausta con la respiración entrecortada.

En su fragilidad, cerró sus ojos y se sumergió dentro de sí hasta ver -en una gran dimensión- los latidos de su corazón a gran velocidad, respiró profundamente y escuchó una voz a lo lejos, ¡tranquila!, ¡clama!, ¡clama…!

Sin entender qué pasaba fuera de ella, se sostuvo firme y de repente los enfrentó, ¡váyanse!, ¡regresen!, ¡no son de aquí!, gritaba con el pensamiento, sintiendo que colapsaban sus fuerzas.

En su interior comenzó a correr en un túnel.

En ese momento entre sueños, apareció un ser extraño de extensas alas blancas, de un brillo resplandeciente, casi invisible, que asustó a los espíritus malignos que la aterrorizaban. Ella vio una mesa larga como a cinco metros de distancia, donde yacía una persona mayor de edad, vestida de negro, con el rostro quemado, inerte.

A su izquierda estaban tres hombres de rodillas, que repetían a gran voz, ¡la mayor es ella!, ¡la mayor es ella!

El ser extraño apenas perceptible, de quien intuyó que era un Arcángel comenzó a engullir con su boca a la mujer tendida en la plancha desde la cabeza hasta los pies, cubriéndola con sus extensas alas.

Gusanito agitada se reincorporó, percibió a Daisy con sus prendas desgarradas sangrando con el cuerpo lastimado, sus ojos desorbitados, sudando copiosamente con abundantes lágrimas, gritaba alaridos y maldecía en un idioma extraño, cayendo los objetos de su casa como si hubiera un terremoto.

-       ¿Qué me has hecho?, ¿qué me has hecho?, ¿por qué me quieres destruir?, ¡déjame en paz!, ¡no puedo contigo!, ¡eres mayor que yo!, ¿por qué…por qué?, reclamó Daisy airadamente y luego se desvaneció.

Gusanito sintiendo sus  manos temblorosas y un frío helado en el ambiente, exclamó a gran voz ante el cuerpo de Daisy:

-       ¡Aquí es Angelópolis! ¡Tierra de ángeles! ¡No tienes más poder sobre mí, ya no tienes más poderes, se han despojado de ti!, sentenció Gusanito.

Daisy empezó a sacudirse y maldecía con diferentes voces en tono grave hasta que se quedó quieta, entonces levitó, suspendida en el aire como si la cargaran en brazos y cayó al piso estrepitosamente sin llagas, ni dolores y quedó inmóvil, roncando su sueño.

Gusanito recuperada, mirándola perpleja y asustada, salió corriendo a casa de Rachel, pensando en ese momento de terror, pero también de asombro al presenciar a un Arcángel luchando por ella, algo que jamás comprendió.

LA ABUELA

Al día siguiente, con la valentía que la identificaba, Gusanito regresó con su hermano para buscar a la abuela en su casa, entraron sigilosamente sin encontrar a Daisy.

Entonces puso al niño a vigilar la entrada en caso que la bruja se acercara. Encontró a la abuela agonizando en su cama.

-       Son mis últimos días, me estoy muriendo, me falta poco para dejar este mundo. Me duelen mis piernas y mi vientre, gimió la abuela.

-       No abuela, no será así, vine para salvarte, no te preocupes, respondió Gusanito.

La anciana como de 75 años, le estiró la mano y le reveló: hija, tengo una herencia de muchos miles de pesos y varias propiedades que Daisy quiere, pero no se la dejaré a ella, ella es mala.

-       No te preocupes abuela, no te preocupes, hoy te levantarás de tu lecho de muerte. Solo tienes que cerrar los ojos y obedecer mis palabras, solo escucha mi voz, dijo pausadamente.

-       Todavía te escucho, todavía… Gusanito le habló al oído y le indicó: •               Aprieta lentamente tus pies… tus rodillas… tus piernas… levemente hazlo con tu abdomen, tus brazos (…) Ahora trata de escuchar los latidos de tu corazón y responde apretando mi mano. Ahora imagina que en tu vientre ves un tornado de color verde.

La abuela obedecía cada orden.

-       Ahora estás en el centro de tu corazón que late lentamente. Estás en lo alto de un barranco y te dejas caer de espaldas en un hoyo profundo. Ya que llegues al fondo imagina a una niña de tres años en una playa, mira atentamente. Verás el sol cayendo en el horizonte, detrás de ti verás un tobogán, subirás por las escaleras y empujarás con tus pies todo obstáculo oscuro que te encuentres mientras bajas, debes sentir tu vientre refrescante hasta llegar a la arena Muy fresco, muy fresco. Si sientes que hay algo muy fuerte que te impida, empuja más fuerte, tú dominas la mente, tú dominas tu cuerpo…

La abuela apretaba con más fuerza, hasta que Osito le gritó, ¡ya viene, ya viene!, ¡vámonos Gusanito!

La niña dejó una orden antes que la abuela abriera los ojos.

-       Despierta cuando escuches el rechinido de una puerta que se abre, y entonces te levantarás, ordenó con voz suave a la abuela.

Se salieron corriendo, pero Daisy los alcanzó a ver y les gritó:

-       ¿Qué hacen aquí?, ¡no los quiero ver más por aquí! ¡Váyanse, son hechiceros!

Entonces entró a su casa y vio a su abuela de pie, preparando comida. Daisy sorprendida por la visión, preguntó, abuela… ¿qué haces?

-       Ya me siento bien hija, me siento mejor, gracias a una niña que me tomó de la mano y me hizo soñar dulcemente.

-       ¿Cómo?, ¿solo te tomó de la mano y te sanó?, ¿te levantó de la cama?, ¿así nomás?

-       Sí… ¿No es una niña dulce?, ¿No fue un sueño, verdad?

-       No, claro que no fue un sueño. Esa niña es una hechicera, una verdadera bruja malvada, más que tú y yo abuela.

La abuela solo la miró y sonrió.

Daisy se retiró rápidamente, rumiando su coraje para contarles a sus amigas e incitar que los lincharan, argumentando que la hechicería no estaba permitida en Ciudad Celeste.

La gente incrédula fue a cerciorarse que efectivamente la abuela estaba de pie, no sabían que Daisy la estaba envenenando para que muriera lentamente, la misma que le había enseñado todos los conocimientos de brujería.

Así convenció a varias personas para que sacrificaran a Gusanito por hechicería.

JUICIO A GUSANITO

Daisy se enojó mucho contra los niños porque la habían despojado de sus poderes de hechicería, además de haber levantado a su abuela del lecho de su muerte de una manera inexplicable.

Logró gran alboroto en la ciudad hasta reunir a cientos de personas que empezaron a buscar a la niña por brujería. Le pidió ayuda a Harry para que los sicarios obligaran a todos aquellos que habían recibido algún beneficio de Gusanito, la entregaran, sino serían acusados de alta traición y ejecutados por conspiración.

Finalmente los encontraron en uno de los túneles de escape, habían sido escondidos por Williams y Rachel, después los llevaron al palacio de Harry, quien se había alzado como juez de Ciudad Celeste.

Ante casi todo el pueblo, fueron acusados de brujería, no solo porque Gusanito había levantado a la abuela de Daisy, sino por todos los enfermos que encontraron sanidad en sus palabras, las cuales fueron calificadas de poderes mentales, magia y hechicería.

Los individuos comenzaron a vociferar en contra de ellos y tratarían de ejecutarlos ahí mismo mediante hoguera de muerte que ya tenían preparada con leña y el lugar para la triste ocasión.

Sin embargo, Gusanito solicitó acto de defensa, antes de su ejecución y le fue concedido por Harry

Tomó micrófono en mano, los miró fijamente y callaron, extendió sus manos preparándolos para sus palabras, entonces un halo brillante se percibió alrededor de ella.

-       Lamento mucho tener que decepcionarlos. No soy una bruja haciendo hechicería vudú para salvarlos a muchos de ustedes. Yo no uso brebajes ni hierbas. Lo único que uso, son palabras, solo eso, palabras, pero el poder para salvarlos no es mío, se equivocan.

Y sus manos se movían como para envolverlos.

-       El poder que yo uso, es de ustedes, yo no tengo poderes, no son poderes milagrosos ni sobrenaturales, ustedes son los que tienen los poderes, es mental. No se necesita ciencia ni tecnología. La mente es capaz de lograr maravillas y a los humanos se les ha dado un gran poder sobre su cuerpo, sobre la naturaleza misma de la humanidad, ¡solo con el pensamiento!

El pensamiento trabaja las ondas cerebrales con toda la actividad mental, te lleva de la mano a una paz interior, eleva la inspiración, la creatividad, la concentración, la memoria, la comunicación y la sanación, es lo que yo hago, pero ustedes desconocen.

Son las células de su cuerpo que diario nacen, se levantan, caminan, viven y mueren…

La mente mira y valora el mundo exterior, razona, toma juicios y decisiones, pero nuestro inconsciente está ahí, latente dentro de nosotros, listo para rebatir las batallas interiores.

El poder que yo uso, es el poder de tu cerebro. Cada uno de ustedes tiene un poder, un poder grande e infinito y no saben usarlo. Ustedes tienen el poder de restaurarse, sanar cualquier adversidad de su cuerpo: cáncer, corazón, riñones, pulmones, locura y toda clase de imposibles.

Con el pensamiento pueden hacer milagros en ustedes mismos y no lo saben.  Pueden ser fuertes pero prefieren ser débiles, ustedes son tan débiles que cuando yo les diga duerman, se van a dormir, así que yo digo, duerman, duerman, duerman…

Gusanito había rayado con un plumón amarillo el dedo índice de su mano para llamar la atención y al hablar lo movía de un lado a otro para enlazar la mente de los asistentes que envueltos en sus dulces palabras, cayeron en un sueño profundo.

Osito quien se mantenía bajo el estrado le tendió la mano para bajarla y entonces la niña lo apuró: ¡salgamos rápido, porque dormirán poco tiempo!

Y los niños huyeron de allí.

Cuando Harry despertó se admiró que una niña tuviera tanto poder como para dominarlos, así que asustado, dio la orden a los sicarios que aún estaban medio dormidos para buscarlos ante la satisfacción insólita de Daisy.

LA FIESTA DE LOS ZOMBIS

Junior organizó una mega fiesta juvenil a petición de Harry, pero la intención era distribuir arbitrariamente la poderosa droga del fentanilo entre los asistentes.

Harry extendió su red de rieles desde Ciudad Celeste hasta Angelópolis, donde distribuían la mercancía por los subterráneos.

La fabricación de drogas, Androides y trajes especiales, la obtenían desde el interior del búnker azul, donde solo él controlaba la salida de personas y todo tipo de mercancía, entre muros y torres amuralladas.

La entrada estaba prohibida a toda persona ajena a Ciudad Celeste, solo se había permitió el ingreso de Gusanito y a su hermano, porque caminó con Williams y su familia, a quien respetaban.

Ese día prepararon la fiesta subterránea entre los túneles de Harry, acudieron cientos de jóvenes hastiados del encierro a los que estaban sometidos, donde se desataron las pasiones, el consumo del alcohol y las drogas que se esparcieron entre la locura provocada por la música electrónica.

Así que los jóvenes se divertían y se fueron desorientando tras la euforia de la substancia, hasta llegar a elevarse por la ansiedad que les provocó un fatal cansancio que se apoderó de ellos y fueron cayendo en un  oscuro sueño.

Gusanito y Osito llegaron a los mismos túneles, donde se encontraron con una escena poco común, botellas de licor, cigarrillos y rastros de la droga, ante cientos de jóvenes dormidos, a quienes atravesaron hasta llegar a uno de los vagones, en los que se treparon y dislocaron los seguros de los rieles.

En eso uno de los jóvenes se paró frente a ellos en posición de alerta, la tenue luz, dispuso de un brillo especial en sus ojos, pero con un sarpullido en su cara, lo que extrañó a los niños.

El joven solo los miraba, en tanto atrás de ellos se fueron reincorporando otros fiesteros, bajo el mismo aspecto, un raro brillo en sus ojos y granos en sus caras y manos.

Entonces se lanzaron sobre el carrito como queriendo devorar los brazos de los niños, provocando que el riel se deslizara rápidamente sobre su camino, mientras que los gruñidos de los jóvenes se hacían cada vez más fuertes conforme avanzaban.

-       Alguna droga los mató y se despertaron como zombis, explicó Gusanito.

-       ¿Es posible eso?, preguntó Osito.

-       Sí, yo sabía que el fentanilo es una droga muy fuerte, si se pasan de la cantidad consumida, los puede matar, yo ignoraba que los levantara como muertos vivientes.

-       ¡Allí estaba Junior!

-       ¿Lo viste…?

-       Sí, estaba adentro de uno de los carros.

-       Pero ya no podemos regresarnos, ni tampoco podemos salvarlo, tenemos que escapar nosotros.

-       A ver hasta dónde nos lleva este carro.

Cuando los zombis salieron a Ciudad Celeste asustaron a la población y comenzaron a comer personas desesperadamente, sin reconocer que eran sus mismos familiares.

Cuando Williams se enteró que su hijo Junior había sido una de las víctimas, encolerizado llamó a sus amigos para que se levantaran en armas y persiguieran a Harry, el único causante de la desgracia de los jóvenes.

Comenzó la persecución de Williams a Harry y de Harry a Gusanito, mientras que los Androides se encargaron de recuperar a los zombis con el objeto de enfundarles el traje especial que Drago les había inventado para reclutarlos a su ejército.

Para cuando Gusanito encontró una salida, huyeron con rumbo al volcán, en el camino atravesarían campos y bosques para encaminarse una noche y un día.

Cansados del camino, se toparon con cuevas que albergaban varios panales de abejas, de los cuales idearon un plan de defensa.

-       Con la mente endurece tu piel para aguantar los piquetes de las abejas, ordenó al niño quien obedeció al instante.

Cerrando los ojos apretó el cuerpo tres veces de los pies a la cabeza.

Después colocaron los panales a pie de los árboles y se alejaron para descansar.

Entrada la noche se acostaron sobre un pasto verde mirando las estrellas del cielo deliberaron acerca de las constelaciones y la vía láctea.

-       Mira, yo soy virgo, allí la veo, apuntó Gusanito.

-       Yo soy piscis, esa es la más bonita, porque tiene forma de pescado. Esa es Alfa, es la más brillante.

-       No es cierto, la más brillante es Venus.

-       Allí está marte.

-       Mentiroso, marte solo aparece en la mañana cuando va saliendo el sol.

-       Siempre me han llamado la atención esas tres estrellas que están alineadas… Dicen que son los tres reyes magos.

-       ¿Sabías que hay mil 22 estrellas, agrupadas en 48 constelaciones y de esas, doce son las del zodiaco?

-       No, no lo sabía, pero me parecen pocas, mil 22 estrellas.

-       Eso me dijo el maestro en la escuela. Mira, esa es Hércules, y aquella de allá es la Osa mayor, ¿la ves?

-       ¿Cuál planeta te gusta más?

-       Saturno, porque tiene anillos muy bonitos y Titán, su luna.

-       A mí me atrae Marte, porque es roja y dicen que allí hay vida.

-       No es cierto, no creo. Oye, Gusanito, debemos encontrar a mi papá, comentó Osito con nostalgia.

-       Sí, pero primero hay que escarparnos. Tenemos que ir a Angelópolis. Vamos hacia la montaña, después bajamos por el otro lado, porque si nos encuentran nos van a matar.

Asintió y luego durmieron.

Al día siguiente, despertaron en cuanto sintieron que se acercaron sus perseguidores.

Gusanito le dio a Osito un pedazo de tela cortándola de su vestido y le acercó muchas piedras de pequeños tamaños para convertirla en una honda y las arrojaron a los panales para alborotar a las abejas.

Osito quien poseía una gran fuerza en sus brazos, los lanzó desde muy lejos, hasta alborotar al enjambre para hacer huir a los militares de Harry, quienes fueron sorprendidos por la estrategia, decidieron alejarse, tiempo que fue aprovechado por los niños para avanzar hacia la montaña.

Pero la persecución no cesó.

Harry se encolerizaba más contra Gusanito por los obstáculos que se encontró, mientras tanto Williams, sin seguir los caminos de los túneles se tardaron más en localizarlos.

Los zombis fueron neutralizados por los Androides de Drago, a los cuales impusieron los trajes de sobrevivencia, pero no todos fueron recuperados. Muchos de ellos se fueron a perseguir a Gusanito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 4

KRULL, EL ALIENÍGENA

Perseguidos sin misericordia, llegaron muy debilitados a una cueva, se acostaron para descansar tras unas rocas. En cierto momento Osito sintió un extraño movimiento, pensó que era algún animal grande que se encontraba entre ellos, mientras que Gusanito se sorprendía de la lava hirviendo bajo su asustada mirada.

De la nada apareció un ser extraño con un manto cubriendo su cuerpo y el niño osadamente preguntó, ¿quién eres?, ¿eres sicario de Harry?, ¿tú también nos persigues?, ¿qué quieres de nosotros?, preguntaba Osito con insistencia bloqueando con sus manos a su hermana, quien estaba detrás de él.

-       Es la velocidad la que determina los tiempos, contestó el extraño agachando la cabeza.

Gusanito lo miraba con incertidumbre y sin cuestionar su aparición, el personaje respondía rápidamente a los pensamientos de los niños.

-       Somos extraños, pero no siempre fue así. Nuestra creación fue en esta tierra. Evolucionamos cuando salimos de aquí, no fue fácil adaptarnos. Hemos regresado porque necesitamos oro…

Sorprendidos totalmente por la confesión, Osito preguntó, ¿oro…?

-       Sí, el oro es un conductor de energía muy potente para nuestras naves y supervivencia en nuestro planeta. Las naves en las que viajamos están impregnadas de oro y provoca energía reciclable, ese combustible que necesitamos la encontramos aquí en la tierra… en nuestro pasado. También hay en el sol, pero la tierra es más cercana.

Gusanito y Osito hacían preguntas en su mente y el ilusorio ser contestaba.

-       Entramos a los volcanes, nos sumergimos en los cráteres para cargar energía con sus altas temperaturas, no está encima de sus cerros, están adentro, a grandes distancias de la superficie.

Nuestras naves vuelan imitando el modelo de rotación de la tierra, con dos ejes encontrados que suman altas velocidades y arrojan agua delante del artefacto de viaje para que el sonido penetre profundamente la distancia, sea cosmos o tierra.

-       Entonces, ¿eres piloto de aviones?, indagó Osito.

-       En las entrañas de la tierra concentramos la carga necesaria y viajamos por grandes tiempos de tiempos. Entramos y salimos constantemente, porque es el único planeta que tiene altas características de supervivencia para el universo infinito. Nuestras naves fueron tomadas de un modelo de navegación espacial inventada por un humano, Tusk.

-       ¿Un humano?, ¿entonces eres alienígena…?

Y sin contestar a la pregunta del niño, el extraño prosiguió con su explicación: se diseñaron en forma de cono, pero nosotros las proyectamos en platillos, haciendo una rotación de vuelo con paralelos de oro. La velocidad está en los espacios que dejan los átomos de súper energías que nos permiten viajar a grandes distancias, rebasamos los 300 mil kilómetros por segundo de la luz del sol, y superamos el sonido con velocidades hipersónicas. Los humanos no ocupan esa energía.

A veces fallamos, una nave nuestra se estrelló en el volcán, provocando un temblor.

-       Sí, tembló en Angelópolis, la ciudad se cayó en pedazos y provocaron muchas muertes, desapareció a mi papá, arremetió Gusanito.

-       Lo lamento mucho.

-       Aún cometemos errores humanos, eso fue un error de cálculo de nuestro navegante.

El alíen viéndolos fijamente, dijo moviendo apenas los labios de su boca chiquita, sé que tienes muchas dudas y tenemos poco tiempo. Solo te diré que ahora somos extraterrestres, pero no fue así al principio.

-       ¡Eres extraterrestre!, ¡lo sabía!, ¡qué emoción¡ ¿Por qué lo dices?, preguntó Osito emocionado.

-       Somos humanos, nacidos en la tierra. Salimos de aquí, evolucionamos, percibo bajo telepatía que tú y pocas personas en el mundo comprenden. Tuvimos que aprender a hacerlo en el espacio, luego nos transformamos y nuestros cuerpos mutaron. Nuestras cabezas crecieron con la adversidad, empezamos a usar más la capacidad del cerebro. Ustedes son personas con alto nivel erudito y vengo a buscarlos, pero no los persigo.

Nuestros cuerpos son delgados porque consumimos lo que necesitamos, miren, nuestra cabeza es más grande porque sin el oxígeno necesario, las neuronas fueron obligadas a trabajar más y eso provocó mayor capacidad cerebral.

Y entonces miraron completamente al alienígena quien se quitó el manto que lo cubría.

-       Viajamos a través de los tiempos, nuestras parquedades cambian vertiginosamente. En el cosmos vamos al futuro o al pasado en breves momentos.

-       ¿Si quiero ir al pasado, con los mayas, egipcios o romanos, ustedes me pueden trasladar?, preguntó Gusanito con suma curiosidad.

-       ¿Quieren venir?

-       No, respondió Osito. Me gusta este lugar, no quiero ir a ningún lado.

-       Es como viajar a cualquier lugar de la tierra.

-       ¿Por qué ustedes vienen al pasado?, preguntó Gusanito.

-       Porque en el pasado está firme nuestro futuro.

-       ¿No es paradójico que vengan al pasado a resolver problemas del futuro?

-       Nuestro sistema interplanetario nos permite cruzar barreras teóricas de humanos, mediante espirales que alcanzamos a cruzar de manera vertical en formación de nubes que conforman los tiempos, así es como llegamos sin paradojas…todo tiene su tiempo, todo tiene su espacio, tiempo de nacer, tiempo de morir. El tiempo superó al tiempo…

              ¿Y cómo se reproducen?, intrigó Gusanito.

-       Nuestra población crece de otra manera. Esto es porque ustedes decidieron sobre nosotros. Quisimos salvar la humanidad y encontramos la manera de hacerlo a través de la unión de dos células y su desarrollo fuera de nuestros cuerpos.

Así alteraron las relaciones entre dos seres antagónicos y entró una nueva forma de vida, manipulando todo lo que se ocupaba en el recorrido, hasta que encontramos un planeta inhóspito que transformamos a nuestras necesidades, con nuestros pensamientos,  por el instinto de supervivencia.

Habrá un espacio en que no habrá tiempo ni lugar en la tierra, lo acabarán, exterminarán todo ser viviente. Por eso viajamos al pasado para recuperar la tierra que será de nosotros en el futuro, después del cataclismo.

Entre nosotros hay mentes malvadas, como en la tierra, eso viene intrínseco desde la sangre, porque tenemos polvo, carne, como ustedes, somos los mismos, no cambia la entidad, tenemos pensamientos, huesos, ojos, brazos, piernas, pies y células que recorren todo el universo.

-       ¿Y hay niños?, preguntó Osito.

-       Sí, claro que hay.

-       ¡Genial…!

-       No habíamos hecho contacto con ningún humano, porque así lo determinó la Federación. Ahora lo hacemos con ustedes, entendimos que hay evolución en sus pensamientos.

-       ¿Cuál es tu nombre?, preguntó Osito.

-       Mi nombre es Krull…

-       Gusanito, nos tenemos que ir, apresuró Osito.

-       Vengan con nosotros, a ustedes los están persiguiendo, insistió el alienígena.

-       ¿Qué será de nosotros?, preguntó Gusanito.

-       Nada, solo será un viaje y perderás a tus perseguidores.

-       ¿En serio, harías eso por nosotros?

-       Sí. Luego venimos por ellos.

-       Vamos, extendió la mano el extraño.

-       Mira Gusanito, allá vienen, apuntó Osito hacia abajo.

La niña se asomó y miró a los azules de Ciudad Celeste persiguiendo a Harry y sus R-bots,  atrás Junior con los zombis. No había escapatoria en lo alto de la montaña.

-       ¿Nos regresarás?, preguntaron con ansiedad.

-       Sí, solo será un paseo.

Y subieron a la nave.

NIÑOS CÓSMICOS

Gusanito y Osito comenzaron a tener recuerdos constantes en cuanto entraron a la nave. Pero sus pensamientos se replicaban en un eco que se desbordaba sin razón ni sentimiento.

-       ¿Por qué nos pasa esto?, preguntó Gusanito llevándose las manos a los oídos, no soportando el zumbido de la nave.

-       No están preparados. Es la velocidad de la luz, pero será por poco tiempo hasta que te acostumbres, después se acomodarán las ideas en una sola línea, respondió Krull.

Gusanito aún aturdida, levantándose mareada preguntó arrastrando las palabras:

-       ¿Creen ustedes en dioses?

Escucharon la respuesta con la resonancia de una tétrica voz comprensible a sus pensamientos.

-       Aquí nacimos pero no somos eternos, vivimos más. Todos buscamos vida. Ustedes están siempre buscando la salvación, y con eso exaltan la vida de una manera abundante.

Después de la destrucción, del odio y la maldad del hombre, salimos al cosmos rápidamente. Solo fuera del planeta y buscando otros horizontes pudimos enfrentar nuestro destino, somos una extensión de la humanidad.

-       Pero, no nos parecemos, ustedes son feos, refunfuñó Osito.

-       Evolucionamos tras las fuertes pruebas que pasamos, primero con la alimentación, luego para darle continuidad a la vida. Somos el resultado de la muerte en la tierra, y regresamos para salvar los recursos que ustedes no usan para nuestra supervivencia.

Los primeros niños cósmicos nacieron con alteraciones, mutaron.

No les gustó a la especie humana y desecharon el apareamiento tradicional, no coexistieron las mismas condiciones que en la tierra. Nacieron con ojos azules, más anchos, estirados hacia las cejas, pies y manos alargadas, enjutas.

La capacidad cerebral usada en los humanos apenas alcanza un 20 por ciento. Ustedes, usan más del 30, pero nosotros registramos más del 50. Fuimos obligados -por las adversidades del escape- en el cosmos a superar una suma que nos permite hacer más: cambiar de forma, telepatía, telequinesis, invisibilidad, aceleración hipersónica y un estado gravitacional en las naves (…)

La humanidad olvidará el pensamiento recurrente y los simples quehaceres a entes inanimados que crearán grandes problemas, los roles se invertirán.

La tecnología se apropiará de las debilidades humanas y se crearán algoritmos conspirativos para una manipulación masiva con propósitos nefastos.

En todos los pueblos y naciones habrá dos bandos, manejados desde una misma mente provocando caos y división encaminados a que los humanos entreguen sus riquezas a un solo personaje.

Los algoritmos eliminarán la toma de decisiones mediante artefactos humanoides que existen a merced de los números. Dominará la inteligencia artificial, entregarán el control total de la vida y ellos obtendrán el cien de la capacidad cerebral mediante aprendizaje automático, replicados en una máquina para obtener todos los conocimientos del pasado y del futuro.

El aprendizaje profundo responderá a la capacidad cerebral del análisis predictivo,  permitiendo ver el futuro o de acontecimientos no conocidos, justo lo que busca esa ecuación

Predicen los futuros de cada humano con sus propios usos y costumbres, gustos, amistades, lazos y aficiones. Influirán en las decisiones de la justicia, pero los algoritmos no entienden la complejidad de la vida.

La Inteligencia Artificial conformará un sistema cuántico que dará forma a las moléculas que componen la materia y la vida con seres inanimados pero sin sentimientos, pasiones o emociones.

La arquitectura de la naturaleza ha originado la química cuántica, una rama de la química teórica que describe el comportamiento de la materia a nivel molecular. Las aplicaciones de la química cuántica abarcan a la materia orgánica como inorgánica, pero ambas están sometidas a las paradojas de la mecánica cuántica.

Las máquinas reemplazarán totalmente a los humanos en poco tiempo.

Necesitan desaparecerlos…

MUTANTES

En el principio, la fertilidad en el espacio fue difícil porque se desarrolló bajo gravedad cero. Las personas flotaban en el aire, así que la fecundación fue una gran prueba, hasta que lograron hacerlo mediante una cuerda atada a sus cinturas.


El resultado fue desastroso, ciertamente somos grotescos a la vista de ustedes, pero nos permitió desarrollar una gran capacidad mental, la que tenemos ahora.

 

La metamorfosis nos obligó a mantenernos vivos y salvarnos dentro de nuestras naves, hasta que llegamos a planeta firme, parecido a la tierra, pero solo eso, parecido, porque no hemos encontrado en el universo, un lugar más hermoso y maravilloso lleno de vida, con el sol, la luna, sus aguas, sus aires, sus montañas y sus valles, sus ríos, sus especies, sus lluvias y sus tiempos. No hay un lugar en el universo más pleno que la tierra…

-       Y con su presencia aquí, ¿alteran el futuro?, maquinó Gusanito.

-       No cruzamos con nadie en el mundo, es una regla insalvable, ninguno de nosotros puede hacer contacto con personas de la tierra. Solo rescatamos el oro, la energía que ocupamos y nos vamos. Ustedes dos son diferentes, son la excepción porque son lo más parecido que tenemos a nuestra evolución, piensan y se desarrollan casi como nosotros, entienden el nivel de vida que tenemos en el exterior.

 

Cuando ustedes regresen a tierra tendrán más poder que cualquier otro humano, pero pueden morir en cualquier momento, se tienen que cuidar y salvar vidas, esa es su misión (…)

Tenemos grandes poblaciones, pero nuestra vida no está en la superficie, con la luz del sol, ese brillo no llega a nuestro planeta. Es del tamaño de la luna; viajamos por la energía que usamos no solo para nuestras naves, también para nuestras ciudades.

Nuestro desarrollo está muy por debajo de la superficie, allí forjamos la luz con energías naturales. Encontramos aguas dulces, poco saladas, mucha vegetación, tierras fértiles y animales que llevamos desde aquí, explicó Krull.

El agua llegó a la tierra, por un desplazamiento de una súper energía come-planetas que provocó que se desprendieran muchas rocas que viajaron por el espacio portando gotas de agua que cayeron en esta tierra. Por eso tienen abundante agua en mares, ríos y lagos. Es la vida. Y también la llevamos hacia nosotros. Conservamos y cuidamos todo nuestro entorno, toda la flora y fauna se desarrolla de una manera muy escrupulosa.

El caos para la humanidad comenzó en el año 2020 de su nueva era, con un calentamiento climático que se originó en las Amazonas, la naturaleza reclamó su estado de supervivencia.

Estallaron y desquiciaron por la falta de oxígeno que suprimió por la falta de sensibilidad en la alta tecnología que permitió mayores enfermedades pandémicas en una cadena que se extendió a todas las naciones. La tierra reclamó entre temblores, huracanes, altas y bajas temperaturas que desestabilizó la humanidad.

Nosotros creamos oxígeno en gigantescos cilindros de árboles, los cuales se desarrollan en las bases con células que robamos de los mares de la tierra. Apreciamos cada ser vivo, despreciamos la muerte en cualquiera de sus motivos y circunstancias.

-       ¿Cómo se llama tu planeta?, intuyó Osito, mientras que Gusanito observaba perspicazmente.

-       Se llama Titán...

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 5

EN EL MUNDO MAYA

Descendieron de la nave en un volcán, y los viajeros fueron encaminados por Krull a Tikal, una ciudad maya donde se involucraron en el frenesí de un mercado, con gente gritando para ofrecer sus mercancías: pollos, pavos, aves, naranjas, jitomates, chiles, verduras.

Todo era motivo de intercambio con mucha algarabía, solo algunos pagaban con semillas de cacao, lo cual extrañó a los niños, pues sabían que el chocolate era más delicioso si lo comían.

Las majestuosas pirámides y sus grandes avenidas sorprendían a Osito, Gusanito y a Krull, implicados en el vaivén de sus calles, encubriendo sus caras con una túnica.

Pasaba por allí la reina Xacara, soportada por seis esclavos, quien se asomó al exterior y le llamó la atención la vestimenta de los niños, pues no pasaron desapercibidos por la elegante mujer vestida con verdes brillantes.

Ella se detuvo y amablemente los invitó a que subieran a su aposento para que la acompañaran a su palacio.

-       Sé que vienen de lejos, se ven extraños, advirtió la reina.

-       Sí, venimos de Ciudad Celeste, contestó Osito. La niña lo codeó por la pronta respuesta.

-       Un nombre muy extraño, dijo con cierta vehemencia. Coman conmigo, solicitó la reina.

-       Disculpe su majestad, llevamos prisa, vamos a otro lugar reveló Gusanito.

-       Ustedes son muy extraños, me interesa conocerlos y que me platiquen de donde vienen y cuáles son sus costumbres.

-       No son muy diferentes. Nuestras familias comen tortillas de maíz, verduras y animales, igual que ustedes, describió Gusanito.

-       Nosotros comemos carne de esclavos, arremetió la reina con una mirada sagaz.

Discernió que los niños pertenecían a cierta realeza por sus ropajes y que Krull era su sirviente, pues su comportamiento era solo para encaminar y cuidar de los niños sin responder a las preguntas.

Así con la duda acerca de su misteriosa aparición, los llevó con el sacerdote, quien rodeado de sangre seca, de pequeños palos y piedras, exclamó:

-       Por fin llegaron, los estaba esperado.

-       ¿Los conoces?, preguntó asombrada la reina.

-       Los conozco, está escrito en las estrellas, que varias civilizaciones nos sentaríamos en los tiempos con las ciencias para proteger, resguardar y encaminar nuestros pasos hacia el futuro.

Entonces Krull quitándose el manto de su cabeza mostró su verdadera personalidad: grandes ojos de color negro profundo, cabeza agrandada, sin pelo, brazos y piernas delgadas como de puro hueso y alto, boca chica de labios delgados y cara arrugada.

-       Sí, sabía que eres tú, expresó entusiasmado el sacerdote Nah, ante la sorpresiva mirada de la reina.

-       Nuestros tiempos están reunidos: el presente, el futuro y el espacio. Sé que tú eres el hombre de las estrellas, validó el respetable hombre.

-       ¿Sabías que iban a venir y no me advertiste?, reclamó la reina.

-       Así estaba escrito: bajo la sombra del destino, tres mundos estarán en tus manos y sabrán que tu reino se extenderá por los tiempos hasta el universo infinito. De haberte avisado, el rey y el pueblo se habrían asustado y los habrían eliminado de nuestra civilización. La lectura de las estrellas es certera, ciencias exactas… ¡La visita está cumplida!

-       No te muestres todavía, hasta que llegue su tiempo, sugirió a Krull.

-       Dadles buenas viviendas para ellos, porque se quedarán entre nosotros. Son la realeza de los tiempos, y respetaremos su vida, les daremos los conocimientos necesarios para que regresen a cumplir con su destino, ordenó el sacerdote a sus criados.

-       Muy bien, consintió la reina.

-       Los niños necesitan aprender, están destinados para salvar nuestro planeta, dijo Krull con voz pausada.

Al día siguiente, prepararon gran banquete, mientras que el rey XeKal se complacía con los visitantes, sentado con su esposa, hijos y sacerdotes.

El rey maya era como de cincuenta años, de buena estatura, cuerpo proporcionado, de tez morena, cabeza media calva con chongo alargado, con piedras azules impregnadas en su rostro, pequeños huesos en su nariz, tatuajes en la piel y cuando caminaba se ponía un penacho de alto plumaje.

Sus ojos negros mostraban incertidumbre y admiración.  Le asistían sirvientas y más de cien guardias a quien llamaban, señor, mi señor. Más de veinte cocineros se movían a repartir los platillos. Él despachaba con su fría mirada y no le daban la espalda. Sus palabras eran obedecidas.

En el banquete había carnes de gallinas, faisanes, venados, liebres, aves, codornices, palomas, cocodrilos, frutas, verduras y aguas frescas de sabores, algunas fermentadas que provocaban mareos.

Krull tenía un brillo especial en su rostro al ver la cantidad y variedad de platillos.

-       ¿Te gusta lo que comes?, preguntó Gusanito.

-       Tal y como lo había imaginado, es realmente rico. Siempre quise comer algo así, dijo Krull quien sonrió bajo esos labios que parecían no tener dientes.

-       Comes mucho para estar tan delgado, ni Osito el cachetón come tanto como tú, bromeó Gusanito. ¿Qué comen ustedes?

-       Esto, contestó presuroso, enseñando una mini píldora en su mano de color rojizo. Tiene todo lo que necesitamos.

-       Con razón están muy flacos, asentó la niña.

Entonces Krull volteó a ver al sacerdote Nah y le expuso algo que quedaría para siempre en su mente…

-       Finalmente tu extraña quimera será un histórico universal, tu modelo matemático viajará al infinito, la caída al vacío, -el cero compuesto de la nada- será agregado a todas las generaciones desde este momento. Vendrán conquistadores de tierras y tratarán de destruir tus escritos. Labra tus pensamientos en las paredes de esa pirámide, muéstrala a tu pueblo para que sepan usarla, luego la declaras de tanto en tanto, le aconsejó Krull.

-       Las estrellas lo anunciaron hace miles de años, es extraordinario que hayas escogido el tiempo y al pueblo para anunciar tu salvación, refirió el sumo sacerdote, mirándolo fijamente.

Y agregó: la nada nació accidentalmente, pues se agruparon conteos de 20 en 20 y la separación fue marcada por un redondo, la cual fue añadida conforme pasaron los tiempos y así lo marcarán las futuras generaciones.

-       Sí, es la misión.

-       Tus naves no corren peligro aquí.

-       Vendrán otras naves en días.

-       Lo sé, confirmó el sacerdote.

El rey se levantó y entonces anunció:

-       Tengo que dar la bienvenida a nuestros visitantes. No son guerreros y están aquí desde tiempos postreros. Todos los mensajes de sus dioses son bienvenidos, reino de reinos, nada nos aplaca, nada nos detiene, porque tenemos los tiempos en nuestras manos. Acompáñenme, daremos una visita a nuestra ciudad.

Y se abrieron espacio sobre la avenida principal donde los habitantes distinguían con asombro a los huéspedes reales. De repente los pobladores comenzaron a apartarse rápidamente para refugiarse e hincarse y humillar su rostro a tierra.

Los guerreros que acompañaban a la realeza simplemente se quedaron quietos, pues en ese momento pasaba por sus calles un imponente jaguar, considerado un dios sagrado.

-       Nuestros dioses visitan a nuestros viajeros. Buena señal, enfatizó el rey.

 

 

UN JUEGO DE PELOTA

Balam incitó a los invitados a participar en un juego de pelota que tradicionalmente hacían sus guerreros con un caucho que rebotaba al suelo para hacerlo encestar con la cadera sobre un aro en la pared en un estadio, mismo que los niños aceptaron gustosos a manera de entretenimiento.

Nah se asustó y le reclamó a Balam del peligro que representaba ese juego para ellos, por lo que el rey XeKal desdeñó la anulación ante toda su comitiva.

Los niños entre risas y aventones dispusieron del juego ante dos temibles guerreros de Balam, quien los miraba con recelo, sospechas e incertidumbre.

Osito presumió que era mejor encestador en el basquetbol, mientras que Gusanito reclamaba su lugar en el volibol, así que creyeron que era una manera fácil de vencer a los oponentes.

Krull viendo el afán de los anfitriones, apuró a que los niños encestaran rápidamente y se fueran, pero ellos trataron de tranquilizarlo diciendo que era solo un juego de niños. No era así.

Entraron a una cancha hundida y amurallada, y les explicaron la manera de jugar y sus reglas: solo encestar la pelota con las caderas y podían usar el lado externo de las piernas.

Los guerreros entraron con rodilleras y protecciones para los codos, mientras que ellos solo con las ropas que traían, por lo que Nah, les ordenó que igualaran sus uniformes, a lo que el jerarca se negó.

El juego comenzó con los visitantes titubeando en los primeros toques de pelota, uno con el otro hasta intentar pasarla por el aro, un pase que aprovechaban los guerreros para demostrar su experiencia y calidad en la cancha, pero sin suerte en el aro.

El rebote de cadera fue dando confianza en los niños, quienes paseaban la pelota como verdaderos expertos ante la mirada atónita de los aficionados, esto les dio una ventaja de dos a cero. Los chicos chocaban las manos y se enfiestaban cada momento por punto logrado.

Los guerreros rumiaban entre ellos de manera feroz para enlazar las tres anotaciones que les hacían falta para no perder la cabeza, la algarabía hacía mella en los jugadores locales.

Los mayas dominaron la pelota entre uno y otro hasta empatar el marcador, se acercaron lo suficiente al aro para afianzar su punto de victoria, pero de último momento el tiro dio giros en la parte externa del aro, más no atravesó, lo cual fue aprovechado por Osito para saltar y de botepronto tomar la acción y rematar el caucho de manera limpia sobre el hoyo, dejando un silencio sepulcral en el estadio.

Los niños se fueron con una enorme alegría acompañados de toda la comitiva, sin saber que habían sentenciado a los adversarios a una muerte instantánea en la misma cancha donde cayeron sus cabezas sacrificadas por haber perdido un simple juego de pelota.

OFRENDAS DE NIÑOS

Llegaron a las faldas de la pirámide, se internaron por un gran portón donde los esperaban guerreros y sacerdotes y ascendieron por las escalinatas al pináculo.

-       Hoy es día de júbilo, haremos sacrificios en honor a nuestros huéspedes, dijo Balam, el sumo sacerdote,

-       Traigan esclavos de sacrificio, ordenó el rey.

En la cúspide había dos planchas de madera con un hueco en los extremos, lugar donde ponían las cabezas para extraer corazones y decapitar a los esclavos en un ritual que espantó a los niños.

-       Acepten este pequeño homenaje como un tributo a su visita. Agradezcamos a nuestros dioses.

Los sacerdotes se inquietaron, después de escuchar que eran viajeros de las estrellas, sus miradas se clavaron en los niños y sudaron copiosamente, excepto Nah.

El verdugo inmolaba a los prisioneros encajando un puñal ancho de piedra de obsidiana sobre el esternón de las víctimas para extraer el corazón, que aun latiendo, alzaba sobre sus manos a los cielos en señal de ofrenda y lo ponían sobre fuego.

Luego el verdugo los degollaba con un corte preciso de mazo y desprendida la cabeza aún con el pánico reflejado en el rostro de la víctima la levantaba por los cabellos y era entregada a los guerreros quienes la lanzaban por las escalinatas hacia abajo de la pirámide donde la atrapaban en redes para cimentarla en un muro.

Algunos guerreros repintaban sus dorsos de sangre vertidos en vasijas bajo las planchas de sacrificio, después arrojaban los cuerpos hacia sus cazadores dejando una larga mancha ante los gritos de angustia de los esclavos que esperaban turno de muerte.

Gusanito y Osito miraban aterrorizados la espeluznante escena, siguiendo cada protocolo del festival,  mientras que Krull se mantenía apacible en un rincón.

Entre la confusión el sacerdote Nah se acercó rápidamente a Osito, y le entregó un báculo de madera y luego le dijo en voz baja:

-       Ten, esto te servirá para que en tus pasos, sea tu apoyo en días difíciles y le recalcó un contundente mensaje: tu nombre es Menelik, así te conoceremos por las estrellas.

Ante la expectante mirada de Gusanito, Osito tomó el bastón como de un metro, poco menos que su estatura, bordeado de colores brillantes que envolvía como serpiente la fina madera, con un grueso soporte en la empuñadura.

-       Mira niño, agregó el sacerdote, el ciclo lunar tiene una gran influencia en nuestra vida, la fertilidad de las cosechas y nuestras mujeres se dan con esa fabulosa estrella que merodea nuestras noches. Pero nada, absolutamente nada está separado, los días, las noches, los sacrificios, la luna y las estrellas. En el universo todo está sincronizado, nada es coincidencia, explicó Nah.

Cuidamos mucho de la luna, le tenemos miedo cuando se atreve a revestir de negro con su insignificante pequeñez la majestuosidad del gran astro, amamos la luz y eso nos espanta, por eso rastreamos las estrellas, para cuando suceda, estemos preparados.

-       Nosotros lo conocemos como eclipse, cuando la luna tapa al sol, o al revés, contestó Osito. Nosotros también sabemos cuándo va a pasar y cuándo se alinearán los planetas, tenemos una tecnología muy avanzada, pero ustedes son los más grandes astrónomos, dijo Osito con solidez en sus palabras.

-       Eres muy inteligente niño, por eso te han escogido las estrellas.

Habían llegado al quinto esclavo de sacrificio cuando de repente la luz del sol se apaciguó, Krull levantó la cabeza y con voz pausada dijo, ya llegaron.

Balam y sus sacerdotes miraron abruptamente al cielo, el día oscureció de repente, los sacerdotes se exaltaron y pensaron lo peor, entonces miraron una gran nave circular que los acechaba lentamente, por lo que se acercaron al rey y le aconsejaron sacrificar a los viajeros de las estrellas, porque habían traído tenebrosa negrura a sus siembras.

-       Son peligrosos, una amenaza para nuestro pueblo, muchos males caerán sobre nosotros, gritaban.

Se levantó una gran consternación entre guerreros, sacerdotes y habitantes del lugar, pues su día de fiesta se había convertido en penumbras.

-       Los dioses requieren mayores ofrendas, gritaban los sacerdotes.

-       ¡Sacrifica a nuestras vírgenes! ¡Sacrifica a los niños! ¡Sacrifica a los viajeros! Le pedían al rey, quien dudó un momento, pero luego giró la orden para apaciguar a los revoltosos sacerdotes, que exigían sangre más pura.

Amagaron a los niños y el verdugo tomó la cabeza de Gusanito y Osito en diferentes mesas.

Entonces se armó una batalla entre guerreros y los criados del sacerdote Nah para salvar a los niños, pero Krull los desató con su poder mental y los levitó de manera vertical, sosteniéndolos por diez segundos, dejando sorprendidos e inmóviles a los testigos, hasta que se dieron cuenta que ya estaban huyendo.

Los guerreros de Nah fueron a perseguirlos apartando a todos los vecinos del camino, de repente los visitantes cayeron en un gran pozo de agua, nadando rápidamente hasta ponerse a salvo, en tanto del otro lado ya los esperaba un jaguar que se abalanzó a uno de los mayas  a quien desgarró hiriéndolo de muerte.

Luego persiguió a Osito, quien por sus cortos pasos se atrasó en su loca carrera, el niño volteó a verlo y se detuvo por un momento apuntando con el báculo, pero sus garras lo atraparon y el pequeño con su fortaleza y habilidad innata, le arrancó uno de sus ojos, asustando al animal, para que emprendiera una rápida huida ante la mirada atónita e incredulidad de sus cazadores.

Osito siguió corriendo hasta llegar a la puerta de la nave que apenas cerró, pudieron infiltrarse dos de los guerreros mayas, cayendo estrepitosamente al piso para arremolinar sus cuerpos y tapar los oídos con sus manos, pues no soportaron el sonido del viaje que ya habían emprendido. Soltaron el macahuitl y el chimalli, sus armas de guerra.

Al poco rato, habiéndose olvidado de la persecución se reincorporaron para mirar desconcertados alrededor de la nave sin fijarse en los niños, que aun temblaban del miedo.

EL MANTO ESTELAR

Después miraron atónitos la imagen alienígena de Krull, pues no lo conocían, y escucharon con atención su voz cavernosa que exponía:

-       El hoyo de Gusano es un portal cósmico que deambula por el universo, es un poder mágico que alarga o acorta el camino de los tiempos.

Pero los guerreros mayas y los niños miraban a pie firme la manera asombrosa en que se alejaban de la tierra.

En una nave totalmente trasparente, podían ver las estrellas en el horizonte y sobre sus cabezas. Sus pensamientos hablaban en conferencia que no contrarió a los mayas, pues su coraje de persecución se había desvanecido, con la sorpresiva mirada del manto estelar.

Osito les ofreció con alegría la mágica vista de un par de estrellas gemelas.

-       ¡Miren!, ¡miren!, ¡cómo bailan esas estrellas!, ¡una frente a otra!, ¡tienen destellos amarillos, como si se abrazaran, dan vueltas elípticas!  ¡Esas otras desprenden manchas de color naranja, brillos azul turquesa, tonos blancos que titilan! ¿Las ves… las ves? ¡Allá están esas galaxias con espirales que envuelven a un gran planeta! Gritaba Osito con un intenso júbilo en sus ojos.

Los mayas también miraban como niños, extendiendo la mano para apuntar las luminarias que más llamaban su atención, constelaciones con planetas que emulaban pelotas de diferentes tamaños, sombreadas con colores brillantes sobre un cielo negro profundo.

Entonces los visitantes sin sus penachos advirtieron de Los cuatro árboles del cielo, los cuatro cocodrilos y las cuatro puntas del cielo, entrelazadas en el espacio cósmico.

-       Veo claramente el rostro del cielo y el rostro de la tierra desde el oriente hasta el poniente y del oriente a sur, ellos abrirán y cerrarán las puertas del inframundo, eso da miedo, resaltó Canek. 

Se alejaban de un planeta azul con rarezas verdes y puntos blancos destellantes, con la imagen de los continentes que eran conocidos solo por los niños contemporáneos.

De repente una gran meteoro cercano a la nave surcaba los cielos, tras de sí un cúmulo de piedras envueltas en una colosal cola de gases blanquecinos con azules y dorados.

-       Es el cometa de Belén. Aquel es un agujero de gusano, lo vamos a atravesar en poco tiempo y sentirán los estragos, los invito a sentarse en esas cápsulas ovaladas, son individuales, especificó Krull.

Una vez que obedecieron la sugerencia, cerraron sus puertas con una vista apenas perceptible de un vidrio muy trasparente, los cuales aseguró en cinturones invisibles, desde su cabeza hasta los pies para dejarlos acostados e inmóviles.

Inmediatamente escucharon silbidos pausados, cornetas a punto de tocar, un coro de niños que entonaban cánticos lejanos preparándose para un concierto, sonidos tratando de escapar, después una lluvia de cristales, luego gruesas gotas de agua; un carrusel de feria, gritos desgarradores, un choque de metales finos y delgados, y finalmente una bestia bufando, como un gran animal herido de muerte, hasta sentir una paz, como sumergidos al mar, pero sus ojos detectaban oscuridad y eso les aterraba.

Habían entrado y salido del gusano del tiempo, a la vez que Krull les avisaba:

-       La nave presenta problemas, vamos a caer, pero no de manera estrepitosa, sino en un lugar y tiempo desconocido. No tengo tablero de llegada.

Al tiempo que Krull les hablaba se percataron que un dispositivo de la nave desprendía  fuego de color morado con un intenso amarillo,  entonces se accionaron unos respiradores para expandir oxígeno dentro de las cápsulas, lo cual estremeció más a los viajeros, pero el piloto se mantenía tranquilo, viendo cómo la nave colapsaba.

Los chicos y los guerreros se mantenían a la expectativa, sintiendo el recorrido  aterrador de la sangre en sus corazones.

Osito comenzó a sonreír y a carcajearse de nervios, tanto que se le acalambraron las mejillas, mientras que Gusanito lloraba de un solo ojo con una lágrima que le atravesó su nariz hasta cegarla totalmente.

-       ¡Un leviatán viaja arriba de nosotros!, gritó encolerizado Canek.

Por su parte Krull tocó una vulnerable válvula de purga en su cápsula, se escuchó un sonido como de chorro, hasta que el fuego se apagó y todo volvió en calma, se abrieron las puertas y los viajeros bajaron espantados de la nave que les había provocado el peligroso descenso.

 

 

 

CAPÍTULO 6

LA SERPIENTE DEL TERROR

Era una noche calurosa con la nave sumergida bajo la arena del desierto, caminaron donde les marcaban las estrellas, según los guerreros mayas, Ikal y Canek.

No había pasado mucho tiempo cuando escucharon a lo lejos, un fuerte clamor, Gusanito y Osito preguntaron de dónde provenían y Krull les aclaró, de Egipto.

Al llegar a la ciudad, presenciaron muchas casas manchadas de rojo mientras que varios habitantes corrían  gritando: ¡huyan, escóndanse, ahí viene!

-       ¿Quién viene?, ¿quién viene?, preguntaron azorados los guerreros.

-       ¡La sombra! ¡La sombra!

Y sin comprender el momento, ellos también emprendieron la huida, pero resbalaron estrepitosamente en medio de un patio con animales sacrificados, embarrando sus cuerpos de sangre.

-       Busquemos agua para lavarnos, sugirió Canek.

-       ¡No! ¡Así quédense!, ordenó Ikal.

-       -¿Qué pasa?, preguntó Gusanito con incertidumbre.

-       Esperemos un momento así…

Enseguida presenciaron más gente corriendo por las calles con grandes lamentos, y sin comprender nada vieron una gran niebla negra que se internaba entre las chozas y palacios. Les llamó la atención que no entraba donde había puertas manchadas de sangre.

Luego salía sigilosa, como buscando a quien devorar.

De repente, la sombra como una gran serpiente flotante se paró frente a ellos, parecía que los miraba, se paseaba, se retorcía en un cuerpo humeante, ensombrecido, y ellos quedaron recargados, atrapados contra un portón cerrado, el cual cedió ante el peso de los visitantes, quienes cayeron al piso de manera estrepitosa, viendo pasar la enorme cola oscura que les había provocado miedo y un aterrador momento.

Sus corazones latían como si tuvieran un ave dentro de sus pechos, amedrentados, respiraron pausadamente hasta que les bajó el susto.

-       ¿Qué es eso?, preguntó Gusanito.

-       La sombra de la muerte llegó a recoger los primogénitos de las familias. Se llevó a todos los egipcios que desobedecieron la advertencia. Muchas maldiciones cayeron porque Ram no ha dejado ir al pueblo, contestó Gerzom, habitante de la casa donde habían caído.

-       Pasen rápido con mi familia, no viene por ustedes, les dijo presuroso cerrando la habitación de techo de palma.

-       Se ven extranjeros, por sus ropajes y su manera de hablar, ¿De dónde vienen? recalcó el joven hebreo.

-       Venimos de tierras muy lejanas, llegamos aquí accidentalmente, contestó el niño.

-       ¿Vienen a visitar al faraón o a Moshe?

-       No es una visita, solo pasábamos y se nos descompuso nuestro nave (…), respondió Gusanito apresuradamente para evitar que Krull contestara.

-       Ah, ¿vienen en cuadrigas?

-       Sí, contestó Krull.

-       Lávense, aquí hay agua, mostraron unas vasijas.

-       No han sido días fáciles. Ha habido muchas plagas por aquí y el pueblo egipcio ha sufrido las consecuencias por no dejarnos salir de la ciudad, hemos sido esclavizados por 400 años atendiendo sus necesidades. Ya es tiempo de ser libres, les informó Gerzom.

Hace días los cocodrilos del gran río salieron a comerse a los pescadores, después los peces aparecieron muertos de un día para otro, hedió tremendamente la ciudad de Menfis, fluyeron aguas rojas como de sangre, se levantaron cantidades exorbitantes de moscas, mosquitos, gusanos y langostas. Emergieron ranas por doquier; murieron los caballos, burros, camellos, vacas y ovejas. Pero los animales de Gozém quedaron vivos, todos.

Apresuraron una catástrofe en sus ciudades.

Ram se paseaba en sus palacios y sus  magos y adivinos no pudieron descifrar de dónde provenían las plagas, solo las palabras de Moshe advertían de cada desgracia que se acercaba.  Desobedeció la petición todas las veces.

OSITO SORPRENDE A FARAÓN

-       Los conocimientos y conjuros de magos, adivinos y sacerdotes no fueron suficientes para justificar la presencia de las plagas. La incansable petición a faraón fue la libertad al pueblo de esclavos, pero no entendió razones, y pasados los días fuimos martirizados, asesinados y presionados a trabajar bajo el sol, describió Gerzom.

A los egipcios les brotó un sarpullido en la piel, al siguiente día cayeron grandes bolas de granizo con fuego ante un impresionante tornado que permaneció por largo tiempo sobre un cielo oscuro.

Se quedaron sin agua para beber, pero faraón no negoció, reclamaba que él era dios y no había otro en el mundo; no soltaré a los perros esclavos, emitió una y otra vez. Hoy los hijos de Egipto han muerto por la terquedad de un hombre. Los visitantes miraron estupefactos al relator de la historia.

Fueron invitados a quedarse esa noche con la familia y aceptaron, aun con el amargo sabor de la cena que probaron ese día. Creyeron que había sido por la experiencia de haberse encontrado con la serpiente de la muerte.

Por la mañana se encontraron con mucha algarabía en las calles, pues Ram había dado la orden de dejar en libertad a los hebreos. Así que el júbilo inundó al pueblo de Gózem.

Los visitantes agradecieron la hospitalidad y se retiraron rumbo a la ciudad, donde se percataron de la fastuosidad de las avenidas, sus enormes palacios, pirámides, columnas y esculturas que se alzaban hasta los 50 metros de altura, según el cálculo del sacerdote maya.

Ikal era más sabio, un guerrero, sacerdote, astrólogo y astrónomo. En cambio Canek era más impetuoso en su carácter, un peleador callejero pero disciplinado, siempre se mantenía alerta a cualquier manifestación de resistencia. La ciudad los mantenía muy atentos observando cada detalle, su mirada enloquecía con la arquitectura de las majestuosas esculturas que emanaban un gran poderío de las esfinges de faraones y monumentos con cuerpos de hombre y cabezas de animal.

Un ajetreo de suposiciones comenzó entre Canek e Ikal, porque el primero estaba tan impresionado de la ciudad que afirmaba:

-       Esta es una verdadera civilización avanzada, ¿cuántos tiempos delante de nosotros estarán, son nuestro futuro?, cuestionó a Ikal.

-       No están delante de nosotros, sino muchas lunas atrás.

-       No es posible, mira cuan elegante belleza hay en sus calles, su avanzada arquitectura, testificó deslumbrado.

-       No Canek, están detrás de nosotros, lo sé por su aroma, huele, absorbe cuidadosamente, entonces acercaba las manos para aventarse aire.

-       Lo que yo percibo es el aroma de las desgracias, además no lo vimos anoche en las estrellas.

-       Porque no leímos con cuidado. En cuanto llegamos pasaron cosas…

-       Krull, dinos, ¿éstos son nuestros antepasados?, preguntó Canek.

-       No te lo diré, respondió.

-       Bien, esperaremos a que anochezca, esgrimió Ikal con enfado.

Sin embargo, el ambiente de pesadumbre contrastaba con la festividad de los hebreos, los pocos egipcios que se veían, caminaban tristes, llorosos, se resentía un espíritu de desolación.

Los plumajes de los penachos de Ikal y Canek llamaron la atención de Abubakar, un General de Faraón, quien pasaba con otros militares en ese momento. Los rodearon y les preguntaron de dónde, con quién y para qué venían.

Gusanito, ataviada de capa azul real con un cuello alto, -el cual le fue entregado por el sacerdote Nah en Tikal- reveló que se dirigían con faraón a ofrecer regalos, ya que venían de Angelópolis, ciudad de ángeles, un lugar muy lejano a sus tierras.

Convencidos de sus palabras, debido a que muchos pueblos se acercaban para promover embajadas de paz, los escoltaron al palacio real con Ram, quien yacía sentado en su trono, se notaba desganado, atolondrado, reflexivo con un ímpetu de rabia y desesperación.

Sus voceros anunciaron la llegada de una reina y sus escoltas de un lugar llamado Angelópolis, ciudad de ángeles en la tierra, por lo que faraón arropó inmediata curiosidad, debido al nombre del lugar.

-       Señor, mi señor, dijo Gusanito, venimos de tierras muy lejanas que atraviesan los tiempos, lamentamos la muerte de sus hijos y de todas las calamidades que han caído en esta noble y gran ciudad. Le traemos esta pequeña ofrenda, esperamos que le agrade a mi señor…

Entonces Gusanito le pidió discretamente a Canek que se quitara el penacho y su collar de jade para ofrecerlo, pero el joven guerrero se resistía con la mirada, hasta que él decidió quitárselos a regañadientes, pero Ram, se adelantó a la ofrenda y dijo con voz apesadumbrada.

-       No quiero tu ofrenda, quiero un consejo de una noble reina, creo que eres portadora de una gran sabiduría, según me han dicho mis consejeros y sacerdotes.

-       ¿Qué harías tú en mi lugar? Los esclavos se fueron sin una batalla, se llevaron todos nuestros tesoros, se robaron nuestras almas… ¿Se escribirá esto en el libro de los muertos? ¿Los dejarás ir tan fácilmente? ¿Podrás recuperar a tus hijos primogénitos? ¿Qué harías?

Entonces Osito, aconsejado por Ikal, se adelantó a impugnar, guiñándole un ojo a Gusanito:

-       Señor, soy hermano de la reina y ella me ha dado permiso para declarar en su lugar.

-       ¿Cuál es tu nombre joven príncipe?

-       Menelik, mi nombre es Menelik…

-       Bien, ¿qué me responderás joven Menelik?

-       Señor, mi señor…A todo esto, tengo una petición como respuesta.

-       ¿Cuál es tu respuesta? ¡Dilo ya!

-       Señor, tu corazón compungido se alegrará al saber que quiero pedirte la mano de tu hija (…)

-       ¿Qué dices? ¡No tengo hija, se acaba de morir mi hijo, cómo se atreven a ofenderme de esta manera? ¿A eso han venido?, alegó iracundo el Faraón.

-       No señor, mi señor, objetó rápidamente Osito al ver la contrariedad de los sacerdotes y sus compañeros.

-       Tu esposa está embarazada, tiene tres meses, será una niña y nacerá en el séptimo mes, de ella es quien te pido casamiento.

Mirando incrédulo a su esposa y sacerdotes, quienes no advirtieron su nacimiento, les preguntó:

-       ¿La confesión es cierta?, sus magos y adivinos quedaron sin respuesta alzando solamente los hombros.

Entonces Ikal, demandó palabra y le afirmó:

-       Es totalmente cierto, está escrito en las estrellas, no debería dudar de tal petición.

Con la alegría reflejada en el rostro de faraón, con su esposa tocando suavemente el vientre, apuntó con su cetro a los escribas:

-       Que quede escrito, que el príncipe Menelik será esposo de mi hija cuando se cumplan los tiempos. Así sea y así será.

Después de la sentencia se armó gran alboroto entre los sacerdotes, escribas y consejeros del rey.

-       Ahora le pido a su reina que me acompañe. Mi alma reclama venganza para presenciar la desaparición en el desierto del pueblo de esclavos, que se atrevió a desafiarme, a quitarme a mi único heredero y vaciar mi ciudad sin mi consentimiento. Solo les di libertad. ¡Preparen las cuadrigas!, ¡iremos tras ellos!, ordenó Faraón al General Abubakar.

-       Todos ustedes vendrán, la reina estará conmigo en todo momento para que sea testigo que mis ejércitos aplastarán todo acto de rebelión. Así quede escrito, así sea y así será, sentenció Ram.

Y partieron a caballo los carros de Faraón.

REMOLINO DE FUEGO

Una vez organizadas las tropas militares salieron de la ciudad en sus carros de guerra, faraón cargó a Gusanito, mientras que Abubakar a Osito. Ikal, Canek y Krull se enfilaron con otros mandos, cada uno en una cuadriga diferente.

En el camino Ram repetía constantemente:

-       Mi hermano debe morir hoy junto con sus tribus.

-       ¿Matarás a tu propio hermano? cuestionó Gusanito con indignación.

-       Sí, un día fuimos hermanos, nos amábamos desde niños, crecimos juntos. Pero ya no más. Robó a mi hijo y la tranquilidad de mi vida y de mi nación. Muera yo, si mi espada no lo traspasa para pagar las desgracias causadas a mi pueblo. Lo merece, nos castigó con un Dios que no conocemos, ni mostró su rostro, apedreó nuestras cabezas, ¿por qué nos enfrenta? No nos conocemos. ¡Morirá hoy el pueblo de esclavos!

Gusanito solo lo escuchaba, pues pensaba que la amargura lo estaba matando.

Después de trastabillar en medio del desierto entre arena y caminos pedregosos, acamparon a una distancia considerable tras una montaña cercana al mar, donde pasaron la noche.

A la mañana siguiente se levantaron para continuar, pero un gran viento levantó una nube oscura que cubría el cielo hasta donde la vista alcanzaba y evitaba que avanzaran rápidamente.

-       Ustedes se quedarán aquí y verán la carnicería desde esta montaña, alertó Ram a sus invitados.

-       Muy bien, accedió Gusanito.

Abubakar y faraón planearon el ataque y se acercaron a una distancia considerable de los hebreos, quienes estaban frente al mar sin una ruta de escape, según avistaban.

Los militares en carro montaron las líneas de persecución hacia el mar, en tanto los hebreos se intranquilizaron con la llegada sorpresiva de los egipcios y comenzaron a moverse como avispas.

El viento sopló más fuerte, de la nube emergieron remolinos, hasta que fueron absorbidos por una poderosa carga, entonces un repentino y extenso tornado que esparcía rayos y truenos, manipuló un persistente fuego que lo envolvió, maniobrando entre el cielo y el suelo, y zigzagueando en tierra, evitando así el paso de las tropas militares.

Los huéspedes retrocedieron para esconderse detrás de unas grandes rocas, para protegerse del imponente viento y del fuego que les infundió miedo, tanto como la serpiente de la muerte.

-       Leviatán está por todas partes, alertó Canek asustado.

Faraón que iba al frente, detuvo abruptamente su marcha con toda su caballería y regresaron, para mantenerse expectantes del remolino de fuego.

-       Esto no puede ser, gritó Abubakar, frente al torbellino que se paseaba delante de ellos. No es posible todo esto, primero fueron las plagas, ahora el fuego nos detiene y el mar les abre camino, todo está en contra nuestra.

Gran Faraón no podemos atravesar esos escudos de defensa, ellos ni siquiera usan espadas en contra de nosotros. El fuego descendió del cielo, lastima nuestra vista, quema nuestros cuerpos y el viento del norte les abrió el mar, no hay poder humano contra eso, lamentó el General.

-       Juré que hoy morirá mi hermano. Así es, así tiene que ser. Aunque perezcamos todos, ese será el precio. No importa cual Dios esté detrás de ellos, los mataremos a todos, es mi sentencia y así se cumplirá, reclamó Ram airadamente.

 

Desde ahí presenciaron la vara levantada de Moshe que luego tocaba las aguas del mar para abrir una espectacular brecha como de veinte metros, donde enfilaron los hebreos sobre tierra seca ante la mirada atónita de los visitantes y egipcios.

-       El viento abrió las aguas, especuló Ikal.

-       No Ikal, fue el poder divino, advirtió Gusanito.

-       ¿Qué dioses están detrás del pueblo hebreo para que haga todos estos prodigios?, preguntó Canek con insistencia.

-       Ese viento es como de huracán, comentó Gusanito desde su escondite.

-       Es un tsunami, alegó Osito.

-       No, porque los tsunamis salen hacia fuera, no se quedan adentro, mira la separación de las aguas, es por el viento…

-       Puede ser una dinámica de fluidos, aseveró el niño.

-       ¿Tú qué sabes de dinámica de fluidos?, dilucidó desdeñosa.

-       Sé mucho, me lo enseñaron en la escuela, arremetió Osito.

-       ¡Claro que no!, ¡mira, es maravilloso!, es el viento, el viento está muy fuerte y levanta las paredes de las aguas. Se alcanzan a ver grandes peces, como ballenas y delfines.

-       Los caballos de faraón están intranquilos, relinchan porque están asustados.

-       Igual que nosotros, con todo lo que hemos visto…

-       Mira, faraón ya dio la orden de continuar.

-       Vamos con ellos para distinguir las paredes de las aguas, sugirió Osito.

-       ¡No!, gritó Ikal, ¡no podemos ir, algo pasará!

-       Vamos y peleemos con ellos, dijo Canek.

-       No es nuestra pelea, no somos su pueblo y no es nuestra venganza.

-       Yo iré, estoy cansado de no pelear más, insistió Canek.

-       Yo te acompañaré, dijo Osito.

-       Escucha a tu hermana, aconsejó Krull.

-       Son necios, tercos y brutos, renegó Gusanito.

Al encaminarse a la playa, repentinamente las aguas colapsaron provocando un oleaje muy alto, los egipcios con sus carros, armas  y caballos quedaron atrapados bajo el impetuoso mar, faraón fue arrastrado hacia adentro por las olas.

Gusanito y Osito se asustaron y gritaron que había que ayudarlos, pero los mayas se negaron a acatar la sugerencia, porque midieron el caótico peligro y la divinidad que los acompañaba.

Poco después emergió Ram entre las aguas y gritó a lo lejos, entonces Krull se despojó de su inseparable manto para sumergirse rápidamente al mar y nadando  como si fuera un gran pez, tomó a faraón y lo sacó hasta la playa.

Por el momento del éxtasis, no conoció la apariencia real del alienígena.

Ya salvado, se sentó sobre la arena y comenzó a lamentarse.

-       ¡Lo perdí, lo perdí todo!, ¡soy muy necio!, no tengo reino, tesoros ni ejército, ¿ahora qué haré?, ¿qué haré?, repetía Faraón.

Y entonces Krull sorprendió a sus acompañantes con una extraña invitación.

-       Ven con nosotros, vamos a dar un paseo al universo.

Y Ram profundamente adolorido, entró a la nave dejando a su esposa embarazada…

UN NUEVO CIELO

Al entrar,  Ram se hincó y con las manos en su pecho lloró amargamente y se ahogaba en largos suspiros. Tanto fue su tristeza que no se percató del zumbido de la nave, no la escuchó porque su dolor lo ensimismó, yendo su cuerpo de lado, apretó los oídos con sus manos y entonces se desmayó.

Los niños miraron nerviosos y asustados.

Gusanito y Osito voltearon a ver a Krull,  esperando una reacción, pero solo se retiró a su espacio donde piloteaba la nave. Su tabla de navegación apenas se apreciaba a la vista, la tenía frente a él y aparecían imágenes de rutas, caminos, estrellas, planetas, constelaciones y su destino, Titán.

Al llegar al planeta verde, el platillo se escondió en un cráter, de donde surgió un fuerte zumbido como si una máquina escarbara tierra, todo se ensombreció, hasta que de repente se enfrentaron a una esplendorosa visión.

Ram, los niños y mayas quedaron expectantes mirando a los alienígenas que se paseaban y se comportaban como humanos. Todos ellos parecidos, con perros terrestres paseando sobre grandes avenidas, con enormes jardines colgantes en casas y edificios, izados solamente por una hermosa naturaleza verde.

La ciudad era iluminada por medusas amarillas con destellos naranjas que serpenteaban dilatadamente los cielos con tenues vientos de  colores dentro de una interminable aurora boreal, divagando constantemente como olas de mar. No se alcanzaban a ver las grandes estructuras de piedra que techaban el lugar, pues habitaban en un gran hoyo.

-       Las medusas y otros animales fueron traídos de los mares de la tierra, algunos viven en nuestra atmósfera, no en las aguas, por lo que aprovechamos su energía de luz con los filamentos para iluminar la ciudad, explicó Krull.

Abordaron una cápsula espacial para trasladarse sobre los cielos que emulaban calles y avenidas con grandes cascadas de agua. En Titán se respiraba un ambiente de gran tranquilidad y efusiva calidez entre sus habitantes. Sus viviendas estaban erguidas sobre gigantescos  árboles y resistentes plantas entre cáñamos y bambús.

Sus cuerpos emanaban una extraña alegría, su oxígeno era como una refrescante menta en un planeta cálido.

-       Se parecen a los jóvenes cuando paseaban en los mercados de Angelópolis y en tierras mayas, de gritos y de prisas, de compra y ventas, todo es muy parecido, exclamó Gusanito.

-       Todo esto es parecido a la tierra, arremetió Osito.

-       No se dejen engañar. No todo es lo que parece, es un holograma, todo lo que ves, fue calcado. Cada personaje es imitado, expuso Krull con certeza.

-       ¿O sea que ustedes son alieges, que van y calcan la vida de nuestras familias? ¿Esas familias que se ven como humanos entonces somos nosotros, pero en hologramas? indagó Osito con mucho entusiasmo.

-       No, los alieges aquí son los hologramas, nosotros somos humanos, nos consideramos humanos.

Y entonces los visitantes miraron una transformación con el verdadero rostro de Krull, un humano de carne y hueso, de estatura media, pelo negro, largo hasta los hombros, uñas y dientes, pies alargados y manos, ojos negros, pestañas pobladas y labios gruesos de leve color carmesí, tez y cabello largo rubio

-       Por eso apreciamos la vida más que ustedes… como una segunda oportunidad, suspiró Krull.

Ellos pasmados, se miraron uno al otro.

-       ¿Cómo esperan que nosotros hagamos una reproducción de humanos en tu planeta?, preguntó Gusanito.

-       Porque queremos que la humanidad continúe, nosotros ya no podemos.

-       ¿Cómo será eso?, entre hermanos no se pueden reproducir porque luego nacen humanos feos.

-       No será entre hermanos, será entre Menelik y la hija de faraón.

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 7

HISTLER EN TITÁN

Entonces la joven Gusanito ataviada de altos plumajes de Quetzal, impregnados sobre la hermosa capa azul turquesa, maquillada a la usanza egipcia, observó fijamente a sus escoltas y les sonrió, dos guerreros mayas, un egipcio y su hermano, Menelik.

Caminó con delicadeza y aplomo por el palacio real rumbo al balcón, donde la esperaban miles para aclamarla, porque su destino así estaba escrito, se lo habían advertido en Tikal.

Mucha gente alrededor de ella serían testigos de la coronación de la reina. Una diadema de oro, impregnada de brillantes rubíes y esmeraldas, con su alargada capa llena de estrellas y gusanitos de colores, traídas de Tikal y de la luna y las esplendorosas plumas de la  colorida ave.

Menelik, guapo, chiquito, con el cabello atravesado cubriendo sus ojos, a quien le acarició el rostro tiernamente le dijo:

-       Has sido mi hermano y valiente compañero de vida y aventuras. Te perpetuaré por siempre hermano.

Asintió Menelik los cometarios.

Y entonces ella recordó aquel momento en que Krull los llevó a ese lugar de Titán.

Miraron los autos por las calles impulsados por un motor natural en sus cuatro ruedas que se convertían en platillos voladores como un transporte común en ese planeta de verdes follajes, grandes jardines colgantes, en una ciudad construida a base de la naturaleza con árboles como hogares y una tierra sólida sobre sus avenidas.

Krull los internó sobre callejuelas con altos muros de piedra, los llevó a la majestuosa puerta de Petra, donde al entrar lo primero que admiraron fue al Coloso de Rodas, una imagen gigantesca de un guerrero de metal dorado, erguido como de 30 metros de alto.

Tras de sí una enorme biblioteca con muchos libros de altísimos acomodos, con rollos de papel y papiros antiguos, pantallas electrónicas que daban cuenta de la historia de la tierra y del universo, estatuas de reyes mayas, egipcios, babilonios, persas, chinos y aztecas, además de códices inscritos en grandes muros.

Había también autos, trenes, aviones y armas, todo tipo de armas, tanques, misiles, metralletas, pistolas antiguas, robots, animales y dinosaurios.

Los visitantes intrigados y expectantes por lo fastuoso del lugar cubierto inmensamente de oro, mientras caminaban, deliberaban.

-       ¿Por qué hay tantos objetos de la tierra, los robaron?, escudriñó Osito.

-       Esta es la gran Biblioteca de Alejandría, aquí tenemos los más grandes tesoros del universo, refirió Krull.

-       ¿Por qué de la tierra y no de Titán?, preguntó Osito.

-       ¡Porque Titán es como la tierra…!

Entonces entró el rey de Titán, quien fue presentado por Krull y lo despidió para que los dejara solo con los visitantes.

-       Yo soy Kernell, y responderé a todas sus dudas.

Entonces Gusanito comenzó a plantear la existencia de los alienígenas y ante la perspectiva de los demás, preguntó:

-       ¿Puedes hablarnos de lo que está pasando?

-       Por un tiempo, sí.

-       ¿Tienes miedo?

-       ¿Por qué habría de tenerlo?, ¿ustedes tienen miedo?

-       No, tampoco. Ustedes vienen del futuro y son parte de la evolución de los humanos. Pero eres diferente de las especies, ¿entonces a cual perteneces?, ¿eres descendiente de humanos o extraterrestre?

-       Somos descendientes evolucionados del hombre, pero no podemos reproducirnos. Somos una especie nueva…

-       ¿Cómo hablas diferentes idiomas?

-       Aprender el lenguaje es esencial, para entender tu especie.

-       Así que solo elegiste nuestro idioma, ¿porque eres demasiado inteligente?

-       Relativamente sí.

-       Danos una explicación del origen del universo… ¿Cómo fue creado el universo?, preguntó Ikal con perplejidad.

-       No están capacitados para entender o comprender o aceptar las verdades de la existencia.

-       Contesta la pregunta, intervino Ram.

-       El universo no fue creado.

-       Pero no puedes crear algo de la nada, expuso Osito.

-       Eso es correcto.

-       Entonces solo el Creador puede crear algo de la nada, ahí está, refirió Gusanito.

-       Eso es incorrecto.

-       Te contradices, continuó Osito.

-       Nada por definición, no existe, ya que nada no puede existir, lo que queda es existencia. La existencia es infinita, no tiene principio ni fin. Por lo tanto ningún creador…

-       Pero, dices que hay un origen del universo.

-       Sí.

-       Ahí está, te atrapé en la mentira, reviró Ikal.

-       Este universo no es existencia. Es una pequeña infinita parte de la existencia.

-       Estás hablando sin sentido. Entonces, ¿el universo fue creado milagrosamente?, continuó Gusanito la discusión.

-       El universo es un evento espontáneo, inevitablemente dentro de la eternidad de la existencia. Cada evento puede, quiere y ha sucedido, incluyendo este universo, pero hay un número infinito de universos. Virtualmente no todos pueden albergar lo que llaman vida, este universo por casualidad es estable, y tiene ocasionalmente la capacidad de albergar vida.

-       Así que la vida simplemente sucedió, ¿cierto?

-       En este universo, sí. La vida, como tú le llamas, es una consecuencia de las propiedades físicas de este universo.

-       ¿Estás diciendo que solo fuimos creados al azar?

-       Sí. Este universo es indiferente a lo que llamas vida.

-       ¿Cómo es eso?

-       Este universo, la vida en este y cada mundo puede ser destruida a cualquier hora por una multitud de eventos al azar. Lo que llamarían ustedes una supernova o una llamarada solar, o el impacto de un asteroide.

-       ¿Así que al universo no le importa si morimos o vivimos?

-       Es correcto.

-       Yo no creo eso. Somos algo más que el azar. Como ya lo dije no estás preparado para aceptar las verdades de la existencia.

-       Si solo fuimos creados al azar, no hay ningún significado para el universo.

-       Es correcto.

-       Si no hay sentido de la vida para el universo, ¿Cual es significado de la vida?

-       Hay significado.

-       Te contradices nuevamente, insistió Ikal.

-       El significado vive en la mente y apuntó a su cabeza.

-       No, no… no puedes vivir una vida entera, sin que tenga un significado, un hecho.

-       Tu especie conjura significado. Pero operan bajo falsas creencias. El significado es un plan místico, lo que es significado, es lo que haces.

-       Veamos, los humanos moriremos como especie, ¿cuándo será una guerra nuclear?, preguntó Osito.

-       No es un lugar para cambiar la historia. Un poco más de medio siglo de tiempo partiendo de este tiempo.

-       ¿Por quién?

-       La guerra comenzará en su país.

-       ¿De verdad?, ¿nosotros?, ¿cómo?, cuestionó Gusanito.

-       Un ser humano gobernará brevemente este país y será responsable de la destrucción de la mayoría de las especies.

-       Es interesante, porque ahora estás vivo.

-       Sí.

-       Solo dime su nombre y lo eliminamos, amenazó Canek,

-       No puedo. Tu nombre será removido, eliminado de nuestro registro histórico. No podemos alterar la historia, a través del asesinato.

-       Solo dime lo que él hace y se debilitará.

-       Tu mecanismo democrático apelará a la especie en su instinto más primitivo: miedo, política y religión. Habrá una condena general del mundo y en respuesta él ordenará el ataque nuclear preventivo, hasta que prolifere la guerra nuclear global.

-       Entonces ¿explotaremos…?

-       El intercambio inicial termina con millones de vidas. En la radiación solo se salvarán 444 mil personas. Mi especie es el resultado evolutivo.

-       Entonces, ¿cuándo detenemos esto?

-       Protege tu democracia, la política y la religión. En este punto tu democracia es estable, pero solo durará medio siglo. Hay otra amenaza…Hay una compensación de divergencia espacial, soy un descendiente evolutivo

-       ¿Qué haces aquí?

-       Observando la evidencia de la destrucción.

-       ¿Cómo?

-       De la guerra nuclear solo pocos sobrevivirán…nuestros ancestros.

-       ¿Qué hay sobre tu tiempo y la tierra?

-       No son capaces de entender mis tiempos, ni los descubrimientos de mis tiempos.

-       Inténtalo…sugirió Gusanito.

-       El origen del universo, en lo que llaman vida.

-       Entonces conoces el significado de la vida…

-       No es su significado sino su naturaleza. El significado es algo que está atribuido a una naturaleza de realidad objetiva.

-       ¿Entonces sabes cómo fue creado el universo?

-       Sí.

-       ¿Así que has visto a Dios?

-       Nosotros evolucionamos de una necesidad pasada de superstición, la necesidad de creer en un dios y otros mitos.

-       Bien, dinos… ¿Qué pasa cuando morimos?

-       La muerte es un constructor humano, no existe. Ustedes han experimentado cada momento de la vida. Tú, yo, él. Somos instancia de la vida misma, separados por lo que ustedes llaman muerte.

-       Entiendo entonces no existe la muerte y todos nosotros experimentamos la vida de otros.

-       Sí. En esencia así es.

-       ¿Cuándo fue creado el universo y por qué está hecho tan perfectamente para nosotros?

-       Hay un infinito mundo de universos, cada uno tiene propiedades físicas diferentes. No todos sustentan la vida como ustedes la conocen. Existimos en el universo que sustenta la vida, eso es todo.

-       Entonces, ¿por qué nos destruimos nosotros mismos con una guerra nuclear?

-       Dogma, política y religión…

-       ¿Puedes ser más específico?

-       El dogma político y religioso es la raíz de todos los males, de los mayores conflictos de nuestra especie.

En este siglo habrá armas de destrucción masiva, por los estados que están regidos por un dogma que destruirán a nuestra especie.

-       ¿En qué basas tu moral?

-       En la compasión y la evidencia.

-       ¿Quiénes son esas estatuas?

-       Son grandes líderes de la tierra, que fueron capturados para resguardar los pensamientos universales.

-       ¿Entonces están momificados?, preguntó Osito con mucha curiosidad.

-       No. Son de carne y hueso, están neutralizados mediante un sistema de enfriamiento que al calor, vuelven a la vida.

-       ¡Mira gran faraón, de nada sirvió tu lucha por soltar al pueblo de los hebreos, aquí está Histler, fue un personaje odiado por la historia porque casi desaparece a la humanidad!, enfatizó Gusanito.

-       ¿Qué dices?

-       Sí, en la segunda guerra mundial, se enfrentaron nación contra nación y este individuo casi elimina a todo el pueblo hebreo, les guardó un gran rencor y dedicó su vida para exterminarlos…

Entonces Kernell apuntó con sus dos manos a la imagen y empezó a despertar con su característico uniforme nazi, mirando afanosamente alrededor.

-       Todas mis obras de arte están aquí, ¿dónde están mis militares?, ¿ganamos la guerra?

-       No. La perdiste y también todo tu ejército, como a Ramsés, faraón de Egipto, señaló Gusanito con frialdad y cierto desdén en sus palabras.

Entonces Ram se le fue encima al jefe nazi y le reclamó airado:

-       ¿Fuiste tú quien eliminó a mis esclavos?

-       ¿Quién eres tú?, ¿de qué estás hablando?, no te conozco, no sé quiénes son tus esclavos…

-       Ellos dicen que los exterminaste…

-       ¿A los judíos? Sí, los eliminé a todos, eran basura para mi raza aria, raza pura, los sacrifiqué, los quemé, los maté. Hombres, mujeres y niños eran escoria, no servían.

Se apoderaron de las ciudades del mundo, fueron creciendo y forjaron mucha prosperidad, eso no lo podía permitir porque hubieran sido de un gran riesgo para mi nación y para el mundo. Eran perros que  provocaban pobreza.

-       ¿Dónde quedaron mis tesoros que se robaron de Egipto?, preguntó Ram.

-       Aquí deben de estar. Allí veo mis cuadros, mis autos y figuras en oro que nos llevamos de otras naciones, contestó el alemán con un aire de displicencia.

-       Devuelve mis tesoros, me los llevaré a Egipto, expuso Ram al mismo tiempo que lo tomaba de la chaqueta y lo golpeaba fuertemente, de tal forma que se enfrascaron en un pleito callejero ante la expectativa de los demás, hasta que Kernell dijo algo que paralizó a todos.

-       Pelean por nada. Todos han sido capturados, han sido traídos hasta aquí para salvaguardar la historia de la humanidad, serán congelados igual que todos ellos.

-       ¿Qué dices?, ¡hemos sido engañados por Krull!, expresó Canek levantando su arma de guerra.

-       ¡Corran a la nave!, gritó Gusanito.

En la huida, Histler y Kernell se fueron tras ellos a la vez que sonaba una alarma que aturdía. En su loca carrera, Ram se dio cuenta que allí estaban Nefri, Akhenaton, Cleopatra, Osiris y Moshe, por lo que se detuvo un momento, pero Osito lo jaló de sus vestiduras para llevarlo a la nave.

Estaba Krull en el platillo y Canek se le fue encima para golpearlo y le reclamó haberlos llevado con engaños a Titán, pues los iban a capturar y momificar, lo que él negó de manera rotunda.

Mientras peleaban, Histler los abordó en el último momento, Ikal estaba echándose a navegar pues había aprendido solo viendo al alienígena.

Pero Canek, no soportando a Histler le amputó un brazo y después le cortó la cabeza, arrojando su cuerpo y miembros fuera de la nave, en tanto que de inmediato Krull aclaraba que no formaba parte del plan engañoso de Kernell.

-       ¡Allí tenían a mi esposa, tenemos que regresar por ella!, dijo Ram preocupado.

-       ¡También estaba Moshe y Osiris!, insistió.

-       No te preocupes, todo estará bien cuando regresemos a Egipto, no te exaltes, este no es momento. Tendrás a tu esposa y a tu hija. Yo pilotearé la nave, y nos iremos a un lugar donde no pueden alcanzarnos.

-       ¿A dónde iremos?, preguntó Gusanito, aún asustada.

-       Iremos al sol.

AL CALOR DEL SOL

Al acercarse vieron intermitentes lenguas ondulantes y pequeños gajos azules que se estrellaban en la nave, sobre una resplandeciente luz naranja con un amarillo intenso al contorno del sol, A lo lejos presenciaron un interminable grupo de naves que se detuvieron, confundiéndose con las estrellas.

-       Desde aquí veo que cambian drásticamente el rumbo las estrellas, se percató Ikal.

-       ¿Acaso nuestro destino va a cambiar? Preguntó Canek titubeante.

-       No, ya cambió.

-       Las naves de Titán, no nos seguirán más. Yo tengo una nave más antigua que ellos. Ésta aguanta el calor, la de ellos no, refirió Krull.

Entonces sintieron un movimiento brusco como de terremoto.

-       ¿Qué pasa?, cuestionó Osito.

-       ¡Nos acaba de golpear un meteoro! ¡No puedo detener la marcha!

Al atravesar la resplandeciente luz, de repente se vieron envueltos entre sombras de colores con un vaivén en la nave como de olas debajo de un mar.

Escucharon sonidos como de trompetas escapando de grandes túneles, grillos cantando en inmensas dimensiones, cascadas de agua cayendo, un sonido de quemazón como de papel, aves cantando en un día de primavera confundidas con voces del más allá quejándose a lo lejos, y finalmente esferas de navidad tocándose entre sí.

-       Se dañó la nave, tenemos que repararlo, o no saldremos de aquí, pero la nave está preparada para aguantar altas temperaturas, lo hacemos cuando entramos al centro de la tierra, son temples similares, reveló Krull.

-       ¡Nadie puede salir a la superficie, nos quemaremos, ¡moriremos aquí!, gruñó Osito.

-       Nosotros no podemos salir a la superficie a reparar el daño de la nave, pero Osito sí puede, propuso Canek.

-       ¿Por qué Osito?, ¡Se quemará! ¡Desaparecerá!, increpó Gusanito con angustia aferrándose al manto de Krull.

-       ¡No!, porque él es dueño del báculo que le entregó Nah, contestó el joven guerrero.

-       ¡Esperen un momento!, recordó Gusanito exaltada. Cuando salimos de Tikal, ustedes nos persiguieron para matarnos, ¡iban a sacrificarnos…!

-       No. Te equivocas. Nosotros íbamos siguiendo a Osito para protegerlo, somos sus guerreros, porque le fue entregado el báculo de los tiempos y de la fuerza. No los perseguíamos. Siendo él dueño del báculo, tiene tanto poder como para soportar altas temperaturas, aún la del sol, reforzó Ikal.

-       Por eso nunca nos atacaron. ¿Y cómo lo hará?, ¿cómo nos salvará?, persistió Gusanito.

-       Al salir a la superficie con el báculo en su espalda se abrirá un aura de protección alrededor de él y de la nave, podrá poner la celda en su lugar y saldremos de aquí rápidamente.

Gusanito volteó a ver a Krull y él accedió con la cabeza.

Entonces Ram se hincó y con los brazos extendidos rezó:

-       Atón, dios de la luz y del calor, proclamo tu presencia desde el magnánimo sol para que tu protección nos resguarde en estos momentos de angustia y dolor, para que lleguemos a la balsa y atravesemos el río de la muerte con tu gloria. Sálvanos de morir en esta hoguera eterna de sacrificio. No me subas aún a la barca de Re, el dios sol. ¿Acaso Anubis juzgará mi alma hoy? ¿Acaso Anubis me llevará de la mano ante Osiris?

Tú, Anubis que eres fulgurante a aquellas almas que se fueron, encamina mi alma a esa escalera de luz, no me dejes caer en el sol de la creación, que la gloria de Osiris resplandezca hoy y siempre…

Y los mayas hacían lo mismo con las manos levantadas e hincándose, exclamaron:

-       ¡Oh gran Kukulkán ¡Míranos, escúchanos!, trae los vientos y el agua, no nos dejes, no nos desampares. Oh Dios, que estás en el Cielo y en la tierra, corazón del Cielo, corazón de la Tierra!, Ixmucané, abuela del sol, abuela de la luz! Que amanezca y que llegue la aurora!

Entonces Krull le puso al niño un traje de kevlar con oxígeno que se ajustaba a su forma de humano y les aclaró que Drago lo había fabricado en la tierra.

Al abrirse la puerta, el báculo abrió un abanico helado alrededor de la nave, por lo que Osito trepó agarrándose de las celdas como escamas de pez, hasta que llegó donde se encontraba la parte dañada, la cual solo tuvo empujar fuerte para ensamblarla en su posición. Su corazón latía rápidamente.

Al bajar miró sobre la trasparencia protectora muchas lenguas de gases, que parecían tener vida, como un ejército de ángeles en el cielo que merodeaban la nave, unas yendo, otras viniendo.

Colores blancos, naranjas y amarillos se paseaban, hasta que una sombra parecida a una mano se posó sobre el halo protector y asustó al niño. Parecía un saludo y Osito le respondió.

Entonces la nave comenzó a temblar y Osito resbaló como en tobogán, de tal manera que Canek lo afianzó en la caída y lo sometió hasta que la puerta cerró.

En los albores del fuego, alcanzaron a presenciar a grandes planetas que se acercaban peligrosamente, por lo que Krull les dijo, ¡el sol se los está comiendo!, ¡vámonos!

-       ¿Qué pasa?, preguntó Gusanito.

-       Son muchos años los que pasamos allí, exhibió Ikal.

-       Sí, millones, contestó Krull.

-       Por eso los planetas son absorbidos por el sol, ¡se está apagando!, ¡se está apagando!, exclamó Gusanito aún asustada.

Y vieron grandes planetas que viajaban hacia una misma dirección, incluyendo la tierra.

-       ¡Moriremos!, ¡moriremos!, ¡allí va la tierra!, articuló Osito asustado.

-       Aún no. Se nos acabó el agua, tenemos que ir a la luna, señaló Krull.

Y la nave emprendió rápidamente la huida

 

CATACLISMO LUNAR

La tranquilidad del mar en la luna compensaba el recorrido extremista y fanático de la galaxia. Aguas apacibles en un ambiente de tranquilidad y frescura.

 Respiraban cómodamente con los trajes de kevlar.

Osito jugaba al chapoteadero con sus pies, Krull se metía a nadar por grandes tiempos sin salir a la superficie, mientras que Ikal, Canek y Ram observaban el horizonte sin un sol ni una luna, solo pisando las arenas blancas con brillos relampagueantes bajo sus pies.

El cielo era oscuro, parecía de noche, pero emanaba una tenue luz de las aguas que permitía una esplendorosa vista, entre grandes rocas, las montañas, el mar y la arena.

De repente, entre las cristalinas aguas azules comenzaron a tornarse de colores haciendo pequeñas olas intermitentes que llamaron fijamente la atención de Ikal.

-       Tenemos que irnos, afirmó.

-       Noooo, estamos muy a gusto, desistió Osito, en tanto que Gusanito miraba perpleja la cara de Ikal.

-       ¿Qué pasa Ikal?

-       No sé, presiento algo.

Ram sacó su espada y Canek su mazo.

-       Llamen a Krull, nos vamos, dijo Ikal.

-       ¡Krull, Krull, vámonos, algo está mal!

Repentinamente Krull les apareció de espaldas.

-       ¿Por qué?, ¿qué pasa?

-       Nada aún, respondió Ikal.

Osito traía un gusanito de colores en su mano derecha a la vez que les decía, ¡mira qué bonito, salió de la arena!

Sorpresivamente muchos gusanos de similares colores comenzaron a emerger del mar.

-       Suelta ese gusano. ¡Vámonos Krull!, ¡vámonos…!

Osito soltó el gusano y subieron a la nave partiendo de inmediato. Pero en el trayecto, Canek observó cuidadosamente la espalda de Osito que traía un pequeño gusano en la espalda, por lo que Krull se asustó.

-       ¡Esto no debe ser!, ¡no puede pasar!, es muy peligroso ese bicho lunar, nos puede destruir… Deja lo encierro.

-       Regresemos a la luna otra vez, apresuró Osito.

-       No, ya vamos muy lejos, ya casi llegamos a la tierra.

-       Pero si apenas salimos.

-       Así es. Lo dejaremos encapsulado y lo destruiremos en tu planeta.

Y arribaron a Tikal.

RETORNO A TIKAL

Cuando bajaron los mayas fueron a encontrarse con sus familias, pero se dieron cuenta que no había habitantes en sus tierras, no hallaron rastros de vida. Encontraron algo inusual, mucha lama verde en los cenotes.

Entonces Krull le informó que su pueblo había desaparecido debido a la alta contaminación  de sus aguas, lo que provocó que abandonaran las siembras, faltó la comida y el agua. Se fueron a otras tierras.

-       Esto es otra plaga, fue lo que nos pasó en Egipto. Así quedaremos, expresó Ram.

-       Sí, solo que ustedes no desaparecieron como ellos, dijo Krull.

-       Esto no dice la historia, argumentó Gusanito.

Los guerreros no le creyeron y siguieron buscando a alguien de su ciudad.

-       Vámonos, no hay tiempo, tenemos que llegar antes que se retire el agujero de gusano, solo tenemos un espacio de tiempo apresuró Krull a los mayas.

Canek desesperado se quería quedar para buscar a su familia, pero Ikal le suplicaba que se fueran, que no había nada por hacer allí.

El musculoso guerrero enfureció,  tanto que comenzó una gresca contra Ikal, hasta que el sacerdote le acertó un golpe en la parte derecha de la cabeza y lo dejó inconsciente para arrastrarlo hasta a la nave.

-       Yo también lamento la desaparición de mis ejércitos, aseveró Ram ante la escena.

Y partieron de allí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 8    

RAM ANTE OSIRIS

Al llegar se internaron en el volcán de Angelópolis y trasladaron al animal lunar con extremo cuidado, portándolo Gusanito en una cápsula ovalada de vidrio trasparente.

-       Bajaremos por este lado de la ladera, ordenó Gusanito.

-       Me tengo que ir, pero regresaré, les dijo Krull.

-       Krull, ¿solo tú sabes qué haremos con este gusanito?, respingó Osito.

-       Tengo que detener las naves que nos persiguen, voy a desviarlos a otras galaxias. Ustedes sabrán qué hacer.

Entonces comenzaron a sentir ráfagas de metralletas sobre la ladera del volcán, por lo que Gusanito sugirió se fueran por otro lado y emprendieron la huida.

-       Ellos no me tienen que reconocer, arremetió Krull.

Se metió a su nave y partió.

Entonces los agresivos sicarios de Harry quedaron pasmados ante la poderosa imagen del Ovni alienígena. Y dispararon a la nave, lo que aprovecharon los visitantes para correr río abajo.

Caminaron unos cien metros cuando fueron alcanzados y acorralados por los asesinos.

-       Es hora de ajustar cuentas, sentenció Harry mirando a Gusanito.

-       ¡Ohh, pero mira!, ahora traes compañía, ¿quiénes son esos danzantes que traes?, añadió a su burla.

-       ¡Harry, déjanos en paz!, ¡mira tengo una arma mortal aquí!, no puede tocar tierra este animalito, porque es muy venenoso, la traemos de la luna…

Y comenzaron a carcajearse.

-       ¿Y piensas que te creemos?, ¡qué pretexto tan más infantil!

-       ¡Es cierto!, ellos son del pueblo maya y él es de Egipto. Nos trajo el ovni, dijo la niña de manera inocente.

-       Sí, y yo nací ayer. No niña, es hora de ajusticiarte.

Y tras Harry salió la bruja Daisy.

-       Mira ella es hechicera, ella te lo puede asegurar, insistió Gusanito.

-       A ver, es un gusanito quemador y los quemará, pero solo a ustedes, ¡porque hoy morirás niña!

-       No, Daisy. ¡Este animal destruirá a la humanidad!

-       ¡Ya mátala Harry! ¡Ejecútala…!

Entonces los guerreros y Ram se pusieron en estado de alerta con sus armas de guerra.

-       ¡Disparen!, el juicio solo es para ella, ordenó Harry.

Y empezaron a disparar ráfagas de fuego para herir mortalmente a Gusanito y al egipcio, cayendo ambos hacia el río, mientras que los mayas ocultaron a Osito con sus escudos.

La niña soltó la cápsula cuyo humo blanco del animal extendió sus esporas en una visión como de mariposa de enormes alas sobre una noche oscura, pues solo habían pasado dos horas desde que partieron al universo.

-       Noooo, qué has hecho, reclamó Osito airado.

-       Usted quietecito, que el juicio no es para usted, le dijo Harry.

-       ¿Qué has hecho? ¡Has despertado a leviatán con sus siete plagas, levantarás enfermedades, terremotos y desgracias en la humanidad! inscribió Ikal.

-       No serán plagas, serán pandemias, gritó Osito al mismo tiempo que se asomaba hacia el río para ver dónde había caído Gusanito, llamándola interminablemente.

-       ¡Ahora moriremos todos!, ¡moriremos todos!, gritó Canek angustiado.

-       Vámonos, el juicio se ha cumplido, dijo Harry a sus soldados.

-       ¡Esto lo pagarás Harry!, sentenció Osito con un desdén de coraje y sufrimiento lamentando la pérdida de su hermana.

EL RÍO DE LA MUERTE

Ram despertó en una vieja canoa sobre un río. Un balsero remaba frente a él envuelto en un viejo y parco manto. En proa Gusanito envuelta en su capa blanca solo miraba al frente dentro de un túnel rocoso.

-       Hoy te veré Osiris y pesarás mi corazón sobre una balanza contra una pluma de ave. Seré dichoso al pasar la báscula, pensaba constantemente pero mareado.

No se explicaba la compañía de Gusanito. No había respuestas para sus preguntas que parecían enloquecerlo.  Repetía constantemente: Oh dios Anubis, protege mi alma de la maldad, de los demonios y del mal, hazme cruzar el camino para llegar glorioso con Osiris. Mis triunfos de guerra dan cuenta de mi paso por la historia. Oh dios Anubis protege mi alma…

Y se abrazaba al pecho como cubriendo su corazón.

Se sentía aliviado y cómodamente viajando. Pensaba en su esposa e hija, en el pueblo que había gobernado, en los esclavos, en la armoniosa paz del camino.

Recordó a Ikal y Canek, pero no veía a Krull. Se plasmaba en una imagen de viaje sobre inmensas aguas en un platillo volador, mirando las estrellas bajo el mar. No miraba arriba, solo debajo de sus pies y allí observaba paisajes de su vida.

Veía a su padre Ramsés cuando recién nació y a su madre jugando con él siendo niño, y luego cuando fue creciendo, cuando murió su padre y cuando se convirtió en faraón.

La balsa llegó a un sitio más oscuro y Ram vio entonces su forma de gobernar y la manera en que maltrató a los esclavos. Su corazón latía con más fuerza y le entró profundo temor.

Miraba al frente y Gusanito iba desapareciendo de su vista. Las uñas de sus pies y sus manos se tornaban de un color ennegrecido, se paró inesperadamente y entonces el remero volteó a verlo de reojo como advirtiendo que algo pasaría.

Apareció la gran boa Apofis que envolvía a Gusanito, se tragaba al balsero y enredaba con su potente cuerpo la barca.

Y entonces recordó las viejas palabras para enfrentar a la Serpiente:

-       No detendrás la justicia ni el orden cósmico, ni forzarás el caos. Tú temible reptil sé sumergida en el lago. ¡Retrocede! ¡Que caiga tu veneno! ¡Me fue concedida la corona y salgo contra mi enemigo! ¡Me lo comeré en el gran campo, porque tengo poder sobre él…!

Entonces una estruendosa voz le ordenaba desde el fondo de la cueva: ve a Heliópolis, deja Menfis… Ve a Heliópolis, deja Menfis.

-       ¡No… mi hija! ¡No… mi hija!, contestaba Ram.

De repente, Gusanito estaba frente a él extendiendo su mano derecha y suplicándole… ¡Ramsés, ven! ¡Ramsés, ven!

El egipcio se echó para atrás ante la sublime aparición de Gusanito y trastabilló por caer, pero la niña lo alcanzó de la mano para jalarlo hacia ella y luego, empujarlo al río…

Apofis los perseguía debajo del agua tratando de clavar sus colmillos.

Entonces Ram despertó dentro del río donde habían caído y tenía a Gusanito agarrada de la mano derecha, por lo que rápidamente ascendió a la superficie, aun teniendo en su corazón el susto por enfrentar a Apofis.

Stephany ya los buscaba y al verlos los ayudó a salir, hasta darles los primeros auxilios que necesitaban.

Ram tosía frecuentemente, permanecía inquieto por el sueño sostenido y se quejaba: me duele mi cabeza, me da vueltas, siento mi cabeza muy pesada…

-       Vencí a Apofis, vencí a Apofis. Ya solo me faltan seis puertas por cruzar mi fina muerte, alardeaba el faraón.

Gusanito no reaccionaba.

Entonces Ram sentado, quitándose el tocado de su cabeza, escuchó decir de la enfermera: ¡Vamos!, ¡levántate!, ¡reanímate!, que los muertos dejarán la tierra, no como se van los muertos, sino que partirán como vivos…

El egipcio se levantó bruscamente y preguntó a Stephany: ¿qué dijiste?, ¿qué dijiste? ¡Son palabras del libro de los muertos!, ¿lo conoces esclava? ¿Lo has leído?

-       No, no. No sé de qué me hablas.

Y entonces Ram reflexionó:

-       Cada muerto resucitará como el sol muere tras el atardecer y resucita cada mañana tras el alba.  Y clamó: ¡Gracias Osiris por la oportunidad! ¡Oh poderoso Osiris, me has permitido dejar la balsa sagrada, acabo de nacer, mírame, acabo de nacer! ¡Pesarás mi balanza justamente!

Y faraón se dio cuenta que sus heridas habían desaparecido.

Stephany y sus amigos se llevaron a Gusanito a Ciudad Celeste, donde la atendieron para revivirla.

Después de tres días, la niña seguía inconsciente, pero muy malherida, Osito se acercó para taparla con una delgada sábana blanca de pies a cabeza y le habló al oído con voz pausada.

-       Gusanito, ven. Ya es tiempo. Ven. Mira el camino, te estoy esperando. Sigue al gusanito, como cuando eras pequeña. Sigue al gusanito, llévalo a tu corazón, límpialo y dale fuerza, mucha fuerza, ya ven… levántate.

Toma al gusanito, llévalo a tu corazón, camina a las heridas que hay en tu pecho y haz que cierre las heridas, ciérralas, que se arrastre a tu vientre, limpia toda impureza que encuentres, ve a tus brazos, a tu cabeza, dale fuerza a tus piernas como si fueran alas de águila. Ahora ven, sigue mi voz. ¡Ven…! ¡Levántate ya!, ordenó Osito.

Gusanito dio un gran sollozo, abrió los ojos y lloró.

-       Osito, ¿estás aquí?

-       Sí, Gusanito, sé que podías hacerlo.

Ram presenciando el acto, acompañado de los mayas, indagó.

-       ¿Son sacerdotes o hechiceros?, ¿cómo hicieron eso?  Ustedes tienen gran poder en sus mentes, son niños poderosos, son dignos de este mundo. Son sacerdotes…

Y entonces Stephany les sugirió que escaparan, porque Harry estaba cerca y podían descubrirlos.

Tres días después salieron rápidamente a Angelópolis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 9

LUCHA TITÁNICA

 

Después del infructuoso escape hacia Angelópolis, los visitantes se toparon con mucha gente en sus calles por las festividades, por lo que Ikal, Canek y Ram pasaron desapercibidos, debido al ajetreo religioso.

 

Muchos danzantes confundieron a los guerreros mayas con los aztecas, mientras Ram presenciaba el espectáculo en su atenta y sombría mirada, teniendo su espada desenvainada y el inadvertido tocado faraónico que caía detrás de sus orejas, quien viendo los ríos humanos pensaba con insistencia, ¡se parecen a mis esclavos!

 

-       Son mis esclavos, son esclavos, los haré esclavos a todos, machacó Ram a sus acompañantes con una fulminante  mirada.

-       No Ram, no son tus tiempos, ni esta es tu ciudad, alertó Osito al confundido egipcio.

 

Los mayas con sus armas de guerra se pusieron en guardia ante la algarabía de la gente y caminaban en estado de alerta.

-       No se separen, iremos juntos todos, advirtió Gusanito.

 

Repentinamente varios aficionados comenzaron a aplaudirles y les hicieron bola para meterlos a un auditorio, donde los recibieron efusivamente ya que Canek portaba su penacho con cara de jaguar, Ram con su tocado egipcio e Ikal con sus esplendorosas plumas.

 

Y los obligaron a subirse a un cuadrilátero para enfrentarlos a tres deportistas enmascarados, quienes sin mediar palabras, los comenzaron a golpear y a patear.

 

En el alboroto, los visitantes soltaron sus armas de guerra y ellos se defendieron con sus cuerpos, levantando al frenético público en escandalosos gritos apoyando a los mayas y al egipcio, en tanto que los niños se quedaron expectantes bajo el ring.

 

Ikal y Canek recibían golpes bajo las artimañas de los jóvenes rudos, mientras que Ram no logró intimidarlos con su imponente estatura y lo tundieron en una esquina, siendo el más vulnerable.

-       ¡Déjenlos, déjenlos!, ¡no son luchadores!, ¡no son de aquí!, gritaban angustiados Osito y Gusanito.

 

Los luchadores sin escuchar ni entender razones, entre patadas y artimañas los golpearon alevosamente, rebotándolos en las cuerdas y aplicando llaves olímpicas.

 

Los visitantes estaban asustados ante la multitud rugiente, hasta que a Canek lo sacaron del encordado y desde un esquinero lo sorprendieron con una plancha al aire, logrando cazar con sus brazos al alevoso pandillero y sobre su cabeza lo lanzó a las sillas, se fue tras él para arremeter con sus puños de manera salvaje, ante un público enloquecido.

 

Al dejarlo inconsciente corrió tras el golpeador de Ikal, a quien lanzó contra las cuerdas, despojando a Ram de su rival, por lo que agarró su mazo y utilizándolo como hacha le destrozó el cráneo.

 

Ikal asió su arma después que Osito se la arrojó, pero el guerrero la usó con mucho carácter para cercenar el cuello de uno de los participantes.

 

Al ver esto, el tercer luchador emprendió la huida, pero Osito, apasionado de la lucha libre por televisión, lo detuvo con un salto tecleándolo en el cuerpo. La gente pensaba que se trataba de un enano por la fortaleza que mostraba, así que Osito se subió a la esquina de la tercera cuerda para lanzarse al cuello del empedernido luchador y enredarlo hasta hacerlo caer en una aparente asfixia.

 

Así tendido sobre la lona, Osito aprovechó para treparse nuevamente a la esquina y voló muy alto para caerle en plancha, logrando la distracción del público en tanto el réferi le hacía la cuenta de tres segundos, mientras tanto Gusanito sacaba a sus amigos rápidamente por la puerta trasera ante un abucheo generalizado, quienes pensaron que el corte de cabezas, eran parte del espectáculo.

 

Osito levantó los brazos en señal de triunfo y se retiró rápidamente asustado por sus perseguidores, pero pensando maliciosamente: ¡siempre quise hacer eso!

 

Una vez que alcanzó a su equipo, reclamó airadamente a Canek la carnicería.

 

-       Ellos juegan máscara contra cabellera, ¿entiendes?, cabellera… ¡Tú les cortaste la cabeza!

-       Ellos no saben jugar, contestó despreocupado. Ustedes cortaron la cabeza de nuestros hermanos en el juego de pelota, ¿recuerdas?

-       ¿Qué dices?, nosotros nunca cortamos cabezas, contestó Gusanito enojada.

-       En el juego de pelota, cuando pierdes… ¡cortan las cabezas!

 

Osito y Gusanito se miraron boquiabiertos uno al otro.

 

Y vieron que los aficionados salieron a perseguirlos por las calles, así que Gusanito llevó a sus acompañantes a Palacio Real de Angelópolis, donde sus padres ya los esperaban con ansiedad, pues se habían perdido después de la tormenta y del terremoto.

 

ENTRE ESCOMBROS

Entonces la princesa, a punto de coronarse reina, le peguntó a Menelik:

-       ¿Por qué no te quedas conmigo?

-       Soy diferente a los demás. No me gustan los reflectores.

-       ¿Y prefieres meterte en problemas que coronarte?

-       No. Los problemas me siguen a mí. El rey te entregará la corona después que abdicó. Además ya tengo corona preparada en Egipto. Mi papá siempre estuvo aquí en palacio, y nosotros pensamos que nos había ido a buscar tras el terremoto.

-       Por eso siempre te persiguieron en los tiempos, Porque eres parte de la realeza universal. Nosotros nos vamos con Menelik, él es nuestro dueño y señor, y obedecemos órdenes del sacerdote Nah, expresó Ikal con tristeza.

Luego la princesa se dirigió a Stephany y le agradeció.

-       Amiga, gracias por salvarme. Eres como mi hermana.

-       Mi Princesa, déjame decirte que tu cuerpo y cerebro se extinguieron cuando te recogimos. Solo una pequeña parte, una chispa quedó viva dentro de ti, fue suficiente para recuperarte.

Tus genes ancestrales se alinearon, el genoma de la vida se reproduce, se auto replicó, inscribimos una biotecnología que se desarrolló con propiedades avanzadas de inteligencia superior de los androides.

Tu neo corteza cerebral consolidó un tejido de tela con chips que penetraron el tejido en la cabeza y al sistema nervioso, entonces recuperaste el lenguaje, la memoria y la conciencia para acercarte a la inteligencia, quedaste perturbada pero consciente sobre un código genético detallado.

Esa chispa de la vida te ayudó a recuperar un mecanismo de seguridad que solo tú puedes manejar respaldando al corazón.

Y mirándola fijamente con un halo de extrañeza, Stephany preguntó:

-       Pero, quiero hacerte una pregunta desde que te conocí ¿Cómo aprendiste a sanar a la gente de esa manera?

-       Yo tenía como cinco años. Osito y yo terminamos nuestra clase de matemáticas y acompañamos al Maestro Konrado a la salida. En las escaleras nos encontramos con mi papá. Subió tres escalones y se detuvo, volteó a mirarnos con ojos desorbitados, se llevó las manos al pecho y sudando abundantemente cayó al piso. Le dije a mi hermano que fuera a buscar al doctor en el palacio. Ya le habían dado dos infartos. Pero en esta ocasión no perdió la conciencia. Entonces el Maestro le dijo a mi papá, que cerrara sus ojos y entrelazara sus manos para posarlas sobre su vientre. Y le sugirió que respirara profundamente tres veces.  “Concéntrate y dime los instrumentos de la música de Mozart que escuchas”. En ese momento mi mamá escuchaba esa música en su recámara. Comenzó a calmarse y después de enlistar los instrumentos, el maestro le ordenó que al contar diez números, cuando abriera los ojos, se iba a sentir mejor y su corazón ya estaría trabajando normalmente para siempre.

Le preguntamos al Maestro ¿cómo le hizo?, y nos dijo: con la imaginación, solo con la imaginación.

Entonces la princesa agradeció amablemente a la enfermera y le sonrió para salir al balcón donde escuchó a los asistentes: ¡Larga vida a la reina!... ¡Larga vida a la reina! ¡Viva Gusanito! ¡Viva Gusanito!

Y Xelen, con un brillo especial en sus ojos, echando el cuerpo hacia adelante, con los brazos extendidos hacia el cielo, mirando fijamente al horizonte con un esplendoroso sol, el verde de sus jardines y el canto de las aves que parecían intuir ese momento, gritó:

-       ¡Paz en la tierra! ¡Larga vida a la humanidad! ¡Larga vida a la humanidad!

Despertó Gusanito entre escombros. Se dio cuenta que yacía con Osito, quitándose el polvo de la cara, lo despertó. Una pequeña luz de sol apreciaba el hueco donde se encontraban.

-       ¡Osito, Osito, despierta…!

-       Mmmhhh… ¿Qué nos pasó?

-       Nos cayó el edificio encima, tembló y quedamos atrapados, ¡mira!, ¡mira…!

-       ¿Y cómo saldremos de aquí?

-       Hay que empujar esas pesadas lozas, ándale, date prisa, se nos acabará el oxígeno…

De repente un ruido como de maquinaria pesada comenzó a abrir un hueco entre los escombros.

-       ¡Mira, vienen a rescatarnos!

Entonces una gran sierra redonda escarbó para dejar un espacio por donde salieron y miraron el caos del terremoto sobre la ciudad.

-       Gusanito, ¿tuve un sueño o fue mi imaginación?, comentó Osito tallándose los ojos como despertando.

Entonces Gusanito miró su capa real y respondió: ¡No Osito, no fue un sueño!… ¡No fue un sueño!... ¡La imaginación es real…!

Y el platillo volador que les había hecho sombra, zumbó hacia el volcán…

ANTIVIRUS

En el hangar monárquico llegó un avión triangulado que se acomodó verticalmente sobre el dibujo del techo, descendió sobre la escalinata el joven Menelik con un tocado egipcio y sin decir nada le entregó un celular a su hermana.

Se retiró de inmediato y Xelen vio el teléfono antiguo, del que de repente empezó a incendiarse y a escapar mucho humo, tirándose al suelo con tos y haciendo resistencia.

-       Menelik, ¿qué pasa?, preguntó Xelen sobre su traje de kevlar.

-       El gusanito lunar está haciendo mucho daño a la tierra. Las montañas se están desvaneciendo, los volcanes se están activando provocando temblores en la tierra. Cae mucha lluvia ácida sobre las ciudades. Es necesario que escapes y vayas con Krull y quemes todo, no sueltes el celular.

Habrá naves para sacar a los humanos, es la última oportunidad de salvar al planeta de esta catástrofe.

-       ¿Quemar qué?

-       ¡El celular trae una batería muy potente, tienes que soltarla en campo abierto para que expanda el antivirus en el mundo!

Y Xelen en medio de un potente temblor recibió la última orden:

-       ¡Vete de allí…! ¡Quema todo!

FIN

PERSONAL

Casi todos los nombres son reales. Es un homenaje a grandes personas que han hecho magia en mi vida. Mis hijos Salma (Stephany) Helen (Gusanito) y Menelik (Osito) participan en la historia, en un hecho que marcó nuestras vidas, ya que vivimos de cercas los terremotos del 2017 en Puebla, de ahí proviene el nombre de Angelópolis.

Gusanito es un nombre que me dio Helen cuando tenía como cinco años, porque en las prácticas para quitar dolores en situaciones de hipnosis, decía que cuando entraba dentro de ella, veía siempre un gusanito que la curaba. Desde entonces, han pasado 10 años, que la novela la tenía en mente.

Todo se hacía mediante la imaginación, misma que disparó a todas partes.

La experiencia de haber visto una nave extraterrestre en la barranca de Oblatos en Guadalajara, me llevó a encaminar la historia. Sostuve varios respaldos históricos como la del Pastor Juan Castellón para tratar el tema de los egipcios con Ramsés II; mi ex compañera de secundaria Elisa Aguirre en los temas médicos; el libro Popol Vuh de los mayas; la llegada de los chinos a Marte y el osado atrevimiento de llegar a las estrellas y al sol, además de la lucha libre, un deporte que abracé desde niño y después como profesional de la comunicación.

Todos mis libros se enlazan en alguna parte de las historias.

Continuará…

























 

 

 

 

 

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